lunes, 22 de mayo de 2017

Urgencias

Llegué a un lugar llamado Urgencias a las cinco de la tarde. A esa hora en que  uno quisiera naufragar sin salvavidas.  Llegué confundido, como quien descubre un sofisma envenenado. Como quien, de pronto, descubre la debilidad de sus miserias enganchadas a un cuerpo hecho jirones. Y es que cuando llegas a ese lugar inmaculado  nada evitará sobrecogerte. Fuera luce el sol, pero la luz espuria de Urgencias te anuncia que nada te pertenece, ni tu propia palabra inflamada. Y nada evitará que sientas que la vida es un antojo de la materia. Porque,  a no ser que tengas práctica en la disección de este territorio, entrarás en un estado de ansiedad negra.
Urgencias es un como un no lugar que diría Marc Augé. Por allí circulan toneladas de neutrones que sostienen cuerpos ulcerados. Pero también bi, el tiempo pasa de largo, como  como el de sa de largo buscando la ertenece, ni tu propia palabra inflamada. rvado por el peso llones de partículas en busca de la luz. Si detienes tu mirada en esa mujer con la cadera fracturada o en ese hombre infartado y encorvado por el peso de sus renuncias, verás que todo lo explica el vértigo o el miedo. O un calvario de soledades y  silencios. Lo verás también en tu ropa guardada en esa bolsa que contiene parte del día que has consumido. Esto indica  que allí el tiempo se ha atascado en un bucle de plata. Como el de esos relojes oxidados por la sonrisa de una momia. Porque en esa camilla en que ahora tu vida se agiganta o enmudece, el tiempo pasa buscando la complicidad de una risa o un gemido. Ese que oyes al otro lado de tu box, como llaman ahora a ese espacio glacial en que te alojan. Y es que uno entra en Urgencias sabiendo que el miedo y la angustia conjugan esos momentos interminables. Y solo esperas que todo acabe. Salir de allí para  volver a la certidumbre  con la que cada mañana te despiertas. Para todos y todas las que trabajan en Urgencias. Porque saben, como diría Cioran, que la vida es una combinación de química y estupor.
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Artículo publicado el día 22 de mayo en Noticias de Navarra. Un tal Pedro Sánchez creía  que había girado a un PSOE a la izquierda, pero servidor piensa que esto es solo es un fuego de artificio. Porque  los barones de rosa amarilla esperan, como las hienas huelen la carroña. 

lunes, 15 de mayo de 2017

El coño neoliberal


El pasado miércoles,  el Área de Igualdad  del ayuntamiento organizó un debate sobre la prostitución. Bienvenido. Se pretendía así visibilizar a las putas que quieren serlo,  justificar su trabajo y desestigmatizar sus identidades.
Estuve en el debate. Pero no me pareció tal. Porque el gran debate que arrastra el feminismo desde hace treinta años, entre partidarias de la regulación y la abolición, ni se olió. Allí solo se defendió la prostitución donde los compradores de sexo ahora no son puteros, sino bondadosos hombres faltos de comprensión que encuentran un coño libre de cargas emocionales y sin prejuicios ideológicos neoliberales. 
Me declaro abolicionista. Pero no he llegado hasta aquí  tirando de moral.  Ni victimizo a quien usa su coño como herramienta de trabajo. La prostitución, como dice Kajsa Ekis Ekman, no es otra cosa que sexo, a veces puro y a veces duro, y otras veces ni eso, que se da entre dos personas. Una que quiere y otra que no. Pero el deseo está ausente en esa relación. Ese deseo es el que se compra. Y esa transacción  sexual es la que genera y avala relaciones de desigualdad.  
Pero en el debate flotaba una idea trampa: hay quien libremente prefiere ser puta  a ser  cajera, limpiadora de oficinas o bombera. Que alguien prefiera ser puta a otra cosa, es solo culpa del capitalismo neoliberal que ha mitificado la libre elección de nuestras voluntades y mercantilizando hasta el último suspiro.
Ser puta puede ser una elección privada. Y solo así se explicará. Pero desde esa privacidad no se puede construir un discurso político de socialización sexual de los cuerpos. Así es como se está construyendo la nueva revolución sexual patriarcal. Y es que el nuevo prostitucionalismo  no libera los cuerpos de las mujeres, sanciona la dominación más antigua del mundo, la prostitución.

Articulo publicado el 15 de mayo de 2017, en Diario de Noticias de Navarra





lunes, 8 de mayo de 2017

Haciendo memoria

Campo de Gurs/Josu Chueca/ Archivo departamental de los Pirineos Atlánticos


Hay lugares que cuando llegas, sientes que han sufrido una cirugía demoniaca. Gurs es uno de ellos; un antiguo campo de refugiados entre 1939 y 1945 ubicado en el pueblo francés de Gurs, en los Pirineos Atlánticos. En 1939, tras el golpe fascista, muchos combatientes vascos tuvieron que cruzar la frontera buscando refugio. El estado francés construyó este campo que empezó siendo de refugiados y acabó siendo de concentración. En Gurs malvivieron y algunos murieron. Sabemos que en Gurs había 456 navarros y navarras. Y lo sabemos porque otro navarro empeñado en desentrañar esta historia lo cuenta en un libro de una intensidad y generosidad brutal: “Gurs, el campo vasco”. Josu Chueca es  historiador y dice que al finalizar la Segunda Guerra mundial, 60.000 personas habían pasado por allí. Y es que Gurs fue un eslabón más del universo represivo nazi. Un cementerio recuerda aquella tragedia iniciada con 2.745 vascos. Y varias placas memorialísticas que  distintas  comunidades autónomas han puesto para honrar a sus paisanos. A este recuerdo se ha sumado el Gobierno de Navarra. Lo hizo el pasado 30 de abril. Allí mismo, en Gurs. La consejera Ollo dijo en el acto de reconocimiento que era “una oportunidad para que el Gobierno de Navarra fortalezca su compromiso con la Memoria Histórica”.
Pero Vicenç Navarro nos decía hace poco que con la actual Ley de Memoria, es imposible recuperar la memoria histórica. Estoy con él. Porque hay una gran resistencia política a la rehabilitación y homenaje a las víctimas del régimen franquista. Porque las fuerzas ultraconservadoras que controlan hoy casi todos los escenarios de poder real en el reino de España son herederas directas del fascismo. Su argumento es que la memoria abre heridas. No. La memoria desentierra el pasado ocultado. Y eso escuece. Como la negligencia de los pornógrafos de la historia.

Artículo publicado el 8 de mayo de 2017 en Noticias de Navarra. Y para saber más: Josu Chueca








lunes, 1 de mayo de 2017

Paso cambiado


Hoy es fiesta. Y quizás usted, obrero de la Volkswagen, se haya ido de puente a La Rioja. Nada que objetar. Pero para muchos este es un lunes más al sol. Unos cuatro millones de personas que sobreviven con poco más de cuatrocientos  euros al mes. Gente que vive con el tiempo prestado en medio de una polvareda de impotencias.
En tiempos, hoy era uno de los días grandes del obrerismo de clase. Y sí, sigue habiendo obreros. Como Nora, una peruana que cobra dos euros por cada habitación que limpia en un hotel de aquí al lado. Como Ranjit,  que con  trece años trabaja en un taller textil de  Gujarat (India) y cobra 20 euros al mes por trabajar doce horas diarias. Como Luisa, que cobra 2 euros por la limpieza de cada portal. Ellas son otra clase. Pero este obrerío que hoy recorre dividido las calles de Iruña, juega en una liga muy diferente a las obreras de Sri Lanka o Marruecos. Además, las luchas ya no se dan entre patronos y currelas, sino entre gente con buen trabajo y obreros con contrato de una semana. Entre desempleados que cobran paro y quienes han agotado todas las prestaciones. O entre quienes cobran ayudas sociales y quienes no. Esas son las clases fragilizadas y enfrentadas entre sí. Nuevas clases ultraprecarizadas e invisibilizadas. Gentes que no están en las manifestaciones de hoy. ¿Que  por qué no están? Unos dirán  que porque no quieren. O porque no tienen “conciencia de clase” dirán otros.  No. No están porque pese al griterío, nadie les representa. Porque no tienen ningún sentimiento de pertenencia comunitaria. Porque no encuentran solidaridades de clase. Porque sus necesidades descuadran las agendas sindicales. Son la infraclase individualizada y condenada a la gestión de su propia miseria. Hoy es primero de Mayo pero uno siente que a  esta  fiesta le sobran banderas y le faltan abanderados. Y también un hilo rojo que volver a enhebrar.

Artículo publicado el 1 de mayo de 2017 en Diario de Noticias de Navarra. Este día toda España apestaba a corrupción. Todo estaba envilecido y pareciera que iba a desmoronarse en medio de un Estado de esterilidad política. Pero en medio de tanta decepción,  lo único que se confirmaba día a día era la madurez de tanto cinismo impune.  

lunes, 24 de abril de 2017

Zona de confort



Sé que lo que sigue quizás escueza. Pero esta columna no se levanta cada lunes para hacer amigos. Ni para navegar siempre a barlovento. Verán, en medio de tanta festivalización de la política del cambio, de tanta exaltación del buenrrollismo, echo en falta la disidencia, la protesta, la manifestación,  la movilización. Gestos de una época que movían los  latidos de esta ciudad pionera en resistencias. Sin embargo, hoy hay una inflación de entidades, colectivos, asociaciones y grupos que gesticulan de manera similar, que se mueven en la misma dirección resultando inofensivos para las agendas políticas oficiales.  Solo el movimiento okupa juega a la contra y crea contradicciones.
Y es que pareciera que  el virus del mucipalismo participado hubiera desactivado lo que en tiempos fue arte y parte de esta Iruña disidente. Como si los movimientos y asociaciones vecinales, los colectivos, los grupos de presión, hubieran olvidado la protesta y la crítica radical  acomodándose en esa zona de confort que nos ofrece la  participación institucionalizada. Y no, no estoy en contra de ella. Me parece que es la única forma de control democrático. Pero me  preocupa esta deriva hacia el silencio cómodo, la autocensura, la mirada para otro lado, la uniformidad de palabra obra y omisión o  la renuncia. Y me dirán que las luchas ya de por sí están desactivadas. O que hay una sobreabundancia de actos de revuelta individual.  Pero creo que no es la debilidad de las luchas lo que explica el abandono de toda perspectiva crítica o  revolucionaria. Porque se puede seguir hablando así, ¿ o no?. Es la ausencia de toda perspectiva radical lo que explica la debilidad de las luchas. O la ausencia de ellas. Y sí, pese a todo, hay razones envueltas en cuerpos y realidades que nos reclaman. Por encima de las lógicas participativas.   


Artículo publicado el día 24 de abril en Noticias de Navarra, día en que una de las máximas responsables del PP, Esperanza Aguirre, dimite. No por convicción, sino por pura presión de un partido enfangado en la ciénaga. 


lunes, 10 de abril de 2017

Procesión




Me pasé por varios bancos y cajas de ahorros de la ciudad para solicitar la apertura de una cuenta corriente. No llevaba buen aspecto, cierto. Aquella noche dormí en un cajero. Lo hice para comprobar si era verdad que por la noche el dinero se movía en busca de las alcantarillas. Comprobé no solo eso, sino que el dinero viajaba buscando agujeros negros. Se decía que en las tinieblas se reproducía en forma de hipotecas asesinas y comisiones que te seccionaban la yugular. Pero a lo que iba. Me presenté en la primera entidad. El empleado me observó y sentí que me radiografiaba con una elegante tristeza. Le debí parecer el retal de un desasosiego. Pero me atendió correctamente. Me preguntó por mis ingresos. Le dije que cobraba la Renta Garantizada. Me preguntó entonces por los movimientos que solía hacer, domiciliaciones y demás. Le dije que el único movimiento que realizaba a diario era ir a la oficina del paro. Y que de domiciliaciones andaba mal porque ni yo tenía domicilio fijo. Y de cosas a mi nombre tan solo el Curriculum que había dejado en cientos de ETTs sin respuesta. Le aclaré, en un ejercicio de autoestima perdida, que yo en tiempos fui alguien. Que trabajé veinte años en una cadena pero que un ERE asesino me convirtió en prescindible. Mientras escuchaba mi relato él hacía otras cosas. Entonces me dijo que no cumplía requisitos. Requisitos de qué, pregunté. Usted cree esto es gratis o qué, contestó.  Si quiere una cuenta debe tener tarjeta de crédito y domiciliar algo. Aunque sea su desesperación. Y eso le costará ocho euros al mes. Entonces le leí la carta de Benedicto XI (1745) a los obispos donde se declaraba pecado de usura el cobro de intereses abusivos. Y que muchos banqueros por ello fueron condenados a pena capital. Entonces llamó al guardia de seguridad. Me acusaron de subvertir el orden constitucional.

Artículo publicado el lunes 10 de abril de 2017 en Noticias de Navarra