Llega el verano. Ya las chicharras cantan hasta el anochecer y todos buscamos cualquier excusa para ralentizar nuestras neuronas. Incluso esta ciudad baja su ritmo de confrontación y se prepara para esa fusión entre la resistencia y el desorden que culmina en un relámpago que sólo descarga alcohol. Quisiera irme tranquilo, al compás de un tiempo parado, de un ritmo cadencioso impuesto por los vermúes de media mañana, las gambas al ajillo y un sol de justicia abrasándome los sesos. Pero este tiempo laxo de pensamiento débil y realismo sucio es implacable. Así que, durante el estío, los asesinos seguirán limpiando la sangre del cuchillo con su propia saliva, los estafadores ...
El blog de Paco Roda