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Mostrando entradas de enero 25, 2016

TRW

Los currelas de TRW no entienden la lógica carnicera de sus patronos alemanes. No por alemanes sino por capitalistas de última generación.   No les entra en la cabeza que a más ganancia menos reparto. Según su comité de empresa, ésta   ha ganado 101 millones de euros entre 2011 y 2014, es decir,   92.200 euros diarios. Una pasta gansa pero invisible. Me parece normal que no les cuadre. Pero deben saber que el postcapitalismo globalizado no se rige por ninguna   lógica, sino por distorsiones.   Verán, en   los últimos años más de veinte obreros chinos se han suicidado arrojándose por las ventanas de la factoría Foxcom, una   empresa clandestina fabricante de nuestros iPods. No   soportaron los salvajes ritmos de 34 horas diarias y   decidieron acabar con su esclavitud arrojándose al vacío. ¿Qué hizo la empresa para evitar estos suicidios? No mejoró las condiciones laborales sino que   puso unas redes para evitar más saltos liberadores. Entre estos obreros que se suicidan y los ob

Caparrós cronicado

Conocí a este argentino en la  librería Auzolan  de Pamplona. Él  presentaba   su obra. Eso me hizo leer "Comí" y después  "Hambre",  un texto rotundo  que  sabía a comida y a excesos, a medidas y tiempos, a continentes y a hombres y mujeres que saboreaban comida, la median, la pesaban, como una obsesión, que la echaban en falta, que la tiraban, que la tenían o no, que les costaba conseguirla y que la desperdiciaban. Un libro de gastronomía marxista. Cuando  leí "Comí" me sedujo porque yo había pensado cosas similares a lo que él pensaba o había imaginado. Como por ejemplo, ¿Cuántos kilos de comida engullimos al cabo de nuestra vida? ¿Cómo medir semejante volumen?  Y cosas así. "Comí" es   uno de los penúltimos libros, porque desde entonces acumula varios más. Caparrós es un  imprescindible de la literatura  actual. Dicho así suena a loa, pero no se puede decir de otra manera. Dicen de él que es  el el Paul Teroux -escritor de viajes- en cast

Ausencia

Pronto hará dos años de la muerte de  una de mis mejores amigas. Durante su agonía nocturna, en esas horas en que la consciencia te traiciona con su miedos, me metí en ese cuerpo llamado a desaparecer. Me atrajo el precipio de la muerte. Ví que había una caida considerable, un fondo sin fondo que me atraía. Me pregunté qué pasaría en los instantes que iban a mediar entre el reino de los vivos y los muertos. Y no había nada. Solo un miedo convertido en una atractiva resistencia. Y me acordé de una frase de Céline que decía: "Nada es más terrible que lo que no se ha dicho". Porque en ese instante en que se iba, me hubiera gustado paralizar su caida. Para decirle cosas que se quedaron colgadas de la memoria. Hace poco un familiar me anunció una enfermedad letal. Miro hacia dentro y vuelvo a verme ante el precipio de la ausencia. De lo que se anuncia como finalizado. De un viaje hacia una redención sin rescate posible.  Pienso en ello, ahora que su ausencia  cumplirá dos