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Mostrando entradas de diciembre, 2020

Viajar

  Esto escribía Martín Caparrós, viajero y cronista de raza, en julio de 2019. Más o menos. En pleno invierno austral y pleno verano aquí. Lo que más sorprende de todo es esa intuición cuando dice que el "viaje pronto curará el cancer o  el refriado". El cáncer no lo sé, pero el resfriado seguro.  Martín Caparrós "Ahorita" Apuntes sobre el fin de la Era del Fuego Cuadernios Anagrama 2019 

Vacunas

Ayer comenzó el negocio. Y siento  que hablar de las ganancias privadas de esta vacuna puede resultar ofensivo para los miles de muertos por este virus inclemente. La humanidad entera lleva casi un año fuera de órbita tratando de volver a la casilla de salida. Por eso la urgencia de todo esto. Y sin embargo, hay que hablar. Porque esta pandemia está fagocitando toda crítica bajo el manto de la  urgente sanitarización de la vida amenazada.   Se han invertido casi 5.000 millones de euros de dinero público en esta vacuna que ayer Francisco Guerrero Cano estrenó en Navarra. Y se calculan 32.000 millones de beneficio privado. Me dirán que se salvan vidas, sí. Pero escuchen a la científica Els Torreele: “Esta pandemia muestra la manera en la que funcionan las cosas habitualmente. Ahora hay más inversión pública que nunca, pero el control sigue en manos de las empresas privadas: tienen la propiedad intelectual, fijan los precios y deciden cómo hacer los ensayos clínicos”. Y esto no tiene nada

La noche inquieta de Menéndez Salmón

Si has pasado de cierta edad y  empiezas a leer esto, sabes que parte de tu biografía puede estar ahí. Tu puedes haber sentido la enfermedad de cerca, la muerte ajena, el dolor, el desapego, incluso ver caerse un pared, esa contra la que te apoyabas tras el llanto infantil, incluso más aún,  haber tenido un padre alcohólico al que quisiste de esa manera que se quiere a los padres alcohólicos. Tu ya sabes.  Pues eso, sabes que  estás ante una novela que te puede hablar de ti. Entonces tu entras en esa noche quieta que se agita y te vomita desesperadamente océanos de hiel y sabes que te vas a encontrar con algo que te suena. O casi. Yo lo hice. No era una noche quieta, fuera sonaba el viento frío y las ventanas se agitaban como cuando la sangre da vueltas alrededor del cerebro.  Este texto autobiográfico donde el yo intimo se expone a una inclemente noche de memoria, me recuerda a  una cita de una novela de Richard Powers que cita Rodrigo Fresán en su “Parte Recordada”, esa que dice que

Aitor Etxarterentzat

Y de repente se  me escapó una lágrima. Como cuando sabes que algo se agota sin remedio. Entonces encontré un verso de Walter Benjamin con el que quise secarla. Él solía citarlo a menudo. Entonces releí ese verso y encontré la clave de bóveda que sostenía sus pasiones. Estaban ahí y lo imaginé incansable, construyendo un tiempo que rueda despacio y ausente de furia.  Y se hizo el silencio. Y ahí estaba la vida vivida a todo volumen como habitando un monasterio vacío que un día le oyera decir a Leila Guerriero. Porque él, había conjugado, como ese excelente docente que era,  sujeto, verbo y predicado con la misma intensidad que Homero había escrito su Odisea, por donde, por cierto, él solía navegar  esas noches  donde la soledad es un desierto sin paliativos.  En este verso de Benjamin, reposa el alma de un hombre imprescindible para esta ciudad y que desde ayer es un poco más huérfana:“   El nuevo sol es mi pensamiento sin fin y mis pensamientos son los rayos virando hacia la tierra, d

Misión cumplida

Aquel  conocido militante de EH-Bildu se presentó en el cuartel de la Guardia Civil y solicitó hacer una declaración. El cabo que estaba en la entrada le preguntó qué tipo de declaración.  -Quiero condenar el terrorismo de ETA, -dijo.  El cabo le miró sobresaltado como si hubiera escuchado a un médium anunciándole la fecha de su defunción.  -Bien, eso debe ser trasladado al Tribunal Supremo, -acompáñeme, dijo el cabo.   Tras una llamada, llevaron al militante a una sala vigilada por dos guardiaciviles. En la sala vacía había una gran pantalla de TV. En ella aparecía, en directo, el Juez Marchena. Un hombre acostumbrado a escribir necrológicas.  -El Juez le preguntó, -qué quiere usted condenar  -El militante insistió, -el terrorismo de ETA. -Bueno le hago saber que esa condena no es válida si no es en firme –dijo el Juez -Qué es en firme pregunto el militante -Debe ser compartida por el partido al que usted pertenece -Y debe ser pública y justificada.  A continuación el militante le mos

Una Patria amnésica

Leí “Patria” por si dentro de esas 642 páginas encontraba algún enigma por descubrir más allá de lo que uno ya sabía. Y lo que uno sabía era que había que poner a funcionar la memoria. Y entonces sonaron los ecos de los disparos, que diría Edurne Portela, y los llantos y entierros y torturas negadas y cárceles vejatorias y viajes de norte a sur y los sicarios a sueldo de los presupuestos, y un relato enfangado y la sangre y las iras y las maneras de entender el mapa y los odios taladrándonos como chispas en el corazón. Y sufrimos los usos y abusos de un conflicto que se eternizó como un fruto extraño. Conflicto que lejos de sedimentarse, algunos siguen empeñados en resucitar y rentabilizar hasta el asco, porque fue y sigue siendo el pecado del que comen caliente cada día. Llegó la serie “Patria” y la vi por ver si me había perdido algo. Y siento que la novela ha pasado por una UCI terapéutico-asistencial. Pero es el mercado amigo. Porque la serie ha reblandecido hasta el mer

Ni tan mal

Se marchó a Londres hace cuatro años. Es enfermera y trabaja en el Saint Thomas Hospital. Cada año vuelve a casa por Navidad. Por ella no vendría. Pero no queda otra que cumplir. Con el vuelve a casa vuelve, con sus cuatro hermanas casadas, con cuñados progresistas que resultan ser muy conservadores y con una camada de sobrinos como sacados de “Las palmeras salvajes” de Faulkner. Ahora entendía eso de que un beso es el primer paso hacia el canibalismo. Su madre, pobre, solo vendría por ella. Y ella no es que sea aburrida, ni asocial, ni padezca patología alguna, que va. Solo que las Navidades le pesan como la gravedad. Así que cuando se enteró de las restricciones que impiden juntarse más de diez, sacó un “Iñurrieta” y se lo metió en palanca. Y otro. Así hasta cuatro. Era de las que pensaba que el vino no arregla los problemas, pero el agua tampoco. Luego llamó a una de sus hermanas y le anunció la borota del año. Este año no vendría a Pamplona. Su hermana le preguntó si había bebid