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Mostrando entradas de septiembre, 2015

Los libros peligrosos de Tallón

No conocía a Juan Tallón. Pero hay gente que con la primera frase que  suelta sabes que lo profundo llegará en la siguiente. Y así es. Como las grandes verdades, que se dicen en los vestíbulos. Pues eso es este enorme libro, pura nicotina literaria. Empiezas con un autor referido y ya estás marcando el libro y las frases que cabalgan una sobre otra. Como si Tallón  hubiera leído las enormes cabalgadas oníricas de Curzio Malaparte, al que por cierto uno echa en falta en esta larga lista de obras maestras peligrosas. Y de manera especial  "La Piel". Tallón: ¿en qué estabas pensando para olvidarte de él? Tallón no hace critica literaria, hace literatura con la crítica que sabe hacer. Un tipo leído y, además, seguro de los lugares que ha recorrido. Cioran dijo en su "Ocaso del pensamiento"   La filosofía es demasiado soportable. Ese es su gran defecto. Le falta la pasión, el alcohol, el amor. Yo creo que Tallón podría haber terminado este libro diciendo algo así co

Libre de impuestos

A  la mayoría de quintacolumnistas de este diario se nos ve el plumero. A cada cual según su taquicardia semanal. Y ustedes lo saben. Les tengo que reconocer una cosa. Antes de la caída del régimen, me resultaba fácil levantar esta columna. Porque cada semana competía con la siguiente en una carrera bastarda por el envilecimiento. La sinceridad del viejo régimen se había hecho imposible y la ironía o la dentellada operaron desde esta esquina como la única forma de redención. Por lo menos para mí. Como el sonido de un epitafio en medio de un circo. Y funcionó. Unas veces peor y otras mejor. Porque servidor entendía que cada columna era un acto de rebelión. Y algo había que hacer con ella. Eso sí, sin aflojar la corbata para respirar. Desde que la izquierda excitada y variopinta nos gobierna, uno reconoce que ha entrado en régimen de autocensura. Me cuesta viajar a los agujeros negros de esta nueva gobernanza. Y eso me preocupa. Porque uno entiende que si, como dice Borges, un

La mentira sienta cátedra

M añana comienza en la UNED un curso titulado  Cómo detectar mentiras: comunicación no verbal y perfiles psicológicos . Quizás me apunte. Me puede el morbo por saber quién será mi compañero de pupitre. Porque, digo yo; si alguien se apunta a un curso así, solo puede ser político, trilero, banquero, comisionista, alcalde venido a menos, presidente de comunidad autónoma o incluso, presidente de gobierno o expresidente con ganas de redención. Porque no me imagino allí a mi pescadera. A no ser que en vez de lubinas nos esté vendiendo barbos. Dice la propaganda del curso que se abordarán temas como la detección del engaño y las nuevas propuestas científicas para detectar mentiras. Vale. Me da que los ponentes piensan que en cada mentira hay una pirueta cínica que vuelve del revés todo lo que el engaño posee de reprobable. Por eso se empeñan en explicarnos cómo opera la falsedad. No sé quién inaugurará el curso. Propongo que venga Rajoy acompañado de alguna expresidenta flanquead