Día sí día también, las persianas bajan de golpe. Sin un mañana más. En muchos escaparates cuelga la esquela “liquidación por jubilación”. Numerosos negocios cierran habiendo perdido la fe en la resurrección. Como esos 500 comercios que han cerrado en Pamplona en los últimos diez años. Un dato que conmueve y que sigue imparable, como la desesperante evolución de una enfermedad grave. La Infantil y Sombrerería Gutiérrez han sido los últimos. La droguería López sigue en cola. Y sin embargo, este comercio es imprescindible. Porque genera redes de vecindad, identidad de barrio y procura seguridades invisibles. Estas tiendas nos orientan en la vida diaria. Sin ellas se produce un desapego del territorio que nos lleva a la indiferencia. Y entonces nos vamos. O nos echan. A esta sangría se le llama gentrificación comercial, es decir, la sustitución de unas tiendas al servicio de las necesidades de la vecindad por otras al servicio de turistas o clientes fugaces. Esto empezó hace años y e...
El blog de Paco Roda