En algún momento de nuestras vidas todos ejercemos de personajes secundarios. Incluso mediocres. Lo grave es no reconocernos como tales. Le pasa a Feijóo, que se cree Antonio Maura, pero su incapacidad retórica le lleva al insulto y el aullido. El otro día, Sánchez quiso quemar sus trapos sucios en el Congreso tratando de desactivar el modo suspensión moral de la realidad. Allí estaba Feijóo esperando un duelo al sol. Al oírle pensé que este hombre solo es feliz cuando alcanza el grado cero de lucidez. Entonces, busqué analogías literarias. Porque entre la realidad y la mentira está la literatura Las novelas de Dickens están llenas de tipos como él. Uriah Heep, en David Copperfield, posee un lenguaje plagado de fórmulas repetitivas y sustituye la verdadera modestia por la ambición y el resentimiento. Mr. Bumble, en Oliver Twist, es un burócrata arrogante de poca monta que usa más su uniforme que en su cabeza. Thomas Gradgrind, en Tiempos difíciles, representa una forma de comunicaci...
El blog de Paco Roda