Trump se encontraba jugando al golf en su mansión de Florida cuando ordenó el ataque sobre Venezuela con el objetivo de secuestrar a Maduro. Cojeaba ladeado sostenido por una artrosis reaccionaria. Nadie diría que el mundo podía salirse de su eje. Trump iba conectado a un pinganillo que le mantenía informado sobre los pasos de los comandos de mercenarios amparados por los Delta F0rce. En el momento que Trump hizo el primer “birdie” ordenó la operación. El psicópata de manual hizo así coincidir los dos disparos, el de su palo de golf y el que anunciaba la invasión blanqueada sobre el cielo de Caracas. A miles de kilómetros de allí, en Madrid DF, Feijoo y Abascal aún seguían celebrando el fin de año sanchista con una fijación tan patológica como Witold Gombrowicz por las ferreterías. Por eso, cuando se enteraron de la operación “Resolución absoluta” se llamaron inmediatamente. A ambos se les iluminó la mente pues aquello que ocurría tan lejano, pensaron, podía ser remasterizado en pl...
El blog de Paco Roda