Dos enigmas para estrenar el año. Uno, si la izquierda a la izquierda
del PSOE, a pesar del permanente estado de discordia consigo
misma, será capaz confluir en una UTI (Unión Temporal de
Izquierdas) frente al proyecto fascista que se avecina. Y dos, si esa
izquierda tiene todavía capacidad transformadora, o ha admitido
definitivamente que es más fácil que llegue el fin del mundo que el
fin del capitalismo. Preguntas que requieren el desvelo de otras
previas: ¿Es la izquierda, o parte de ella, rehén de que cuanto peor
vaya todo más opciones tendrá para capitalizar el descontento, a
pesar de que ese descontento lo esté capitalizando la extrema
derecha? ¿Andan las izquierdas inquietas frente al fascismo que
amenaza con institucionalizarse sin cordones sanitarios de por
medio? ¿Es por esto que Rufián va de político suicida sin línea de
vida cuando reclama un frente defensivo frente al bloque fascista?
¿Es posible esa unidad de la izquierda que cada vez que se invoca
acuden, como decía Gustavo Bueno, «los mitos “oscurantistas”,
esto es, la imposibilidad de la unión de las izquierdas debido a su
diversidad y doctrinas, en ocasiones, incompatibles dado su origen
unívoco? ¿Es el voto del “miedo a que viene la ultraderecha” tan
estratégico si, como dice María Márquez, ni la nostalgia ni el miedo,
mucho menos la desesperación, tienen el poder de convocar la
esperanza?
Decía Gaetano Salvemini, socialista encarcelado por
Mussolini tras la II Guerra Mundial que lo contrario de “unidad” es
“unión”, unidad entendida en el sentido de unidad totalizadora, sin
arrugas. Y así discutía Salvemini con los comunistas la estrategia
común frente al gobierno fascista: «golpear unidos, caminar
separados». Es decir, ¿Y si unidad de la izquierda pasara por estar
unidos circunstancialmente respetando la pluralidad, pero ganando
en operatividad frente al fascismo? Quizá superar la fragmentación
exija menos nostalgia por el pasado y más audacia estratégica en el presente
Diario de Noticias de Navarra
5 de enero de 2025
Hace 15 años escribí este artículo en Noticias de Navarra. Hoy hace 15 años de la muerte de este inmenso poeta catalán. Mientras algunos políticos analfabetos se enriquecen por el morro, mueren los poetas. A uno el cuerpo le pide mandarle a ese tal Galipienzo uno de los poemas de Miquel Martí i Pol, el poeta-obrero catalán muerto el martes pasado. Pero hay algunos hombres tan necios que si una sola idea surgiese de su cerebro, ésta se suicidaría abatida por su dramática soledad. Por eso prefiero seguir leyendo a este inmenso poeta que se ha ido en busca de un mundo donde reconstruir sus utopías. Miquel Martí i Pol fue una de las voces emblemáticas de la poesía catalana y un referente imprescindible de la identidad catalana. Un escritor de enorme carga emocional, un hombre que construía versos con los que se jugaba la vida en cada instante. Un obrero de toda la vida que empezó a trabajar a los catorce años en una fábrica de Rod...

Comentarios
Publicar un comentario