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Parot, sentencia pública, dolor privado


Es fácil hablar sin haber sentido el olor de la sangre a tus espaldas, sin que hayas sentido la afilada dentellada del dolor y la muerte. Quisiera ser neutral, aséptico, benévolo, pero uno no puede ser inmune a tantos años de plomo. Porque el peso de la historia todavía inflama nuestra supuesta indolencia. Quisiera ser objetivo para hablar de esto. Pero no es posible. Porque el dolor ajeno es intransferible. Así que vaya por delante que estas líneas quizás debieran acabar en el vertedero. El Tribunal de Estrasburgo ha anulado la doctrina Parot. Muchos presos de ETA saldrán en libertad. Porque hay una decisión firme basada en actuaciones jurídicas teniendo en cuenta circunstancias sujetas al derecho internacional público. Esto puede no gustar, encabronar hasta la desesperación y doler como un martirio inmortal. Y entiendo a quien lo sufre en la distancia corta. Porque ese dolor privado no será nunca recompensado. Ni con cadena perpetua ni con la pena de muerte. Nunca. Porque ese sufrimiento es insondable, incapaz de ser restituido. Ni siquiera el arrepentimiento o el perdón de los verdugos lograría restituir al sujeto perdido. Y, si bien podría ayudar, solo el trabajo personal podrá reponer la paz deseada. Nada más. Que el Gobierno del PP trafique con estas emociones y dolores, que son privados, es pura bastardía. Y más posicionándose como si fuera un sujeto privado y dolido olvidando su responsabilidad pública. Al Gobierno le toca acatar la decisión y no alentar a la sedición de la sentencia. Pero no solo eso. La debe defender como un valor de protección jurídica y práctica democrática. Porque no hacerlo supone violar principios de derecho que atañen a todos, incluidos los que asesinaron en su día. Aunque escueza. El entorno político de los presos de ETA que salgan de prisión y ellos mismos deberán gestionar bien esta salida. Porque tiene repercusiones públicas. Por ello deberán ser muy respetuosos con las víctimas y sus familiares. Y no convertir la liberación en una victoria. Si la justicia no puede ser utilizada como arma de venganza eterna, tampoco como un juego de celebraciones.

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