Mear se va a poner difícil. Ahora, si pasas de los sesenta y te viene el apretón, tienes hasta nueve baños públicos donde desaguar. Pero la cosa pinta mal.
Este ayuntamiento, empeñado en ofrecernos una ciudad instagrameable, se va a dejar una pasta en el nuevo Paseo Sarasate con aspiraciones competitivas con Les Champs-Élysées. Y en ese reencantamiento del paseo, los baños públicos sobran. Joder, una ciudad sin urinarios te obliga a vivir con la vejiga en estado de alerta. Argumentan que mear será lo de siempre, pero sin bajar esas escaleras que más de uno ha confundido con la entrada al metro de Pamplona o con un subterráneo a ninguna parte salvo a unos urinarios que se inauguraron el 5 de julio de 1921 siendo alcalde José María Landa.
Desde entonces, los evacuatorios públicos, donde las mujeres trabajadoras fueron la mano de obra barata y precarizada que los ha mantenido, han sido lugares, no solo de evacuación a dos aguas, sino también de encuentros furtivos y de socialización frente a la moralidad pública y el control social. Pero sobre todo sirvieron para que ellas pudieran mear como ellos, en la intimidad, pues hasta entonces el mear también tenía género.
Dice el ayuntamiento que pondrán los autolavables. Solo falta que se abran con la tarjeta de la basura. Bromas aparte, según un estudio de ESSIT, (2020) el 77% se siente inseguro a la hora de usar este tipo de espacios y un 50% considera que no están suficientemente limpios. Y no son pocas las ciudades que, tras valorar este tipo de propuestas las han rechazado, como el ayuntamiento de Vilanova i la Geltrú.
No sé si este trozo de memoria que va a desaparecer de la ciudad será también memoria sobrante para Echeverría, concejal de UPN quien el otro día dijo que: «Pamplona se está convirtiendo en un parque temático de la memoria». No me lo quiero imaginar con un apretón y el autolimpiable bloqueado.
Hace 15 años escribí este artículo en Noticias de Navarra. Hoy hace 15 años de la muerte de este inmenso poeta catalán. Mientras algunos políticos analfabetos se enriquecen por el morro, mueren los poetas. A uno el cuerpo le pide mandarle a ese tal Galipienzo uno de los poemas de Miquel Martí i Pol, el poeta-obrero catalán muerto el martes pasado. Pero hay algunos hombres tan necios que si una sola idea surgiese de su cerebro, ésta se suicidaría abatida por su dramática soledad. Por eso prefiero seguir leyendo a este inmenso poeta que se ha ido en busca de un mundo donde reconstruir sus utopías. Miquel Martí i Pol fue una de las voces emblemáticas de la poesía catalana y un referente imprescindible de la identidad catalana. Un escritor de enorme carga emocional, un hombre que construía versos con los que se jugaba la vida en cada instante. Un obrero de toda la vida que empezó a trabajar a los catorce años en una fábrica de Rod...

Comentarios
Publicar un comentario