Aquel intento de golpe de Estado, del cual alguna vez habría que saber hasta qué punto fue una trampa mortal para la democracia y la bastarda Transición incompleta, dejó rastros, dejó un inmenso reguero de perversión en su recuerdo. No sé si de verdad se abortó o se perpetuó sutilmente en el tiempo. Como las dictaduras latinoamericanas pero en versión casposa. Solo sé que hoy, a años luz de aquella noche, tan lejana y cercana a la vez, el golpe fue efectivo. Efectivo para el devenir inmerecido de una ciudadanía secuestrada. La casta del poder real, la banca, la monarquía y la cúpula policial y militar, como siempre, y sin tentación alguna de leninismo teórico, imponen su ordeno y mando sin pudor. La democracia firmó su acta de defunción antes de nacer en España. Lo demás son cuentos de Calleja. Malas artes para conspirar en medio de tanta barra libre. Aquel 23F no tiene nada que ocultar ante este 23F. Tejero se llama Urdangarin, pero también podía ser Joan Rosell,...
El blog de Paco Roda