Claro que sí. Vayan cogiendo cita para trabajar en las fincas y almacenes de fruta de Huelva o Lleida, en los campos de manzanas del Empordà, de melones, lechugas y brócoli de Cartagena o de pimientos, tomate y espárrago de la Ribera de Navarra. Venga, los primeros en los mataderos de Binéfar o de Murcia, en las explotaciones ganaderas de Galicia y Andalucía, en la recogida de aceituna de Jaén y al volante de autobuses, repartos de comida rápida y paquetería, detrás de las barras de los bares, sirviendo copas, paellas y bocadillos de calamares, también en los andamios de las obras, en las grúas y las escombreras o limpiando escaleras, váteres, oficinas y locales comerciales. Y también las españolas. Como empleadas domésticas, limpiadoras, camareras de hotel y cuidadoras de enfermos y personas mayores. Venga. Pues va a ser que no. Que ahí ni se les ve ni se les espera. Así que esto de la prioridad nacional, seamos claros, va de apartheid administrativo, de racismo de manual. Aunque lo...
Hay días que ciertas imágenes o noticias, te nublan la vista, te sacan de tus casillas. Entonces, te viene a la mente ese verso de Emily Dickinson que dice “Sentí un funeral en mi cabeza”. Otras veces, las menos, oyes o lees o ves algo, y lloras porque sabes que nunca es demasiado tarde para nada. Ocurrió la semana pasada. Que el parlamento israelí aprobó la pena de muerte por ahorcamiento que se aplicará a los palestinos convirtiendo el asesinato en un asunto perfectamente legal. El impulsor de esta medida fue el ministro judeofascista Ben Gvir quien lleva en el reverso de la kipá, ese bonete que cubre la coronilla de muchos judíos, hilvanada una horca con hilo de oro. Gvir se encomienda a Yahvé tres veces al día y entre plegaria y plegaria, su abyecto corazón bombea litros de odio. Por eso celebró con champán que los palestinos pudieran ser asesinados con todas las de la ley. Por si quedaba alguna duda de que Israel ha agotado toda forma de piedad. Ver a ese tipo brindado por la ...