Si perforamos la Plaza de San José, podremos oír su respiración. Debajo de esa plaza, que un tal Vidaurre quiere colonizar a golpe de hostelería vintage, se ubicó un poblado vascón de origen prerromano. Quizá esto a él le importe una mierda. Pero ese poblado atesora un secreto subterráneo. El silencio. Un silencio que cura el desánimo y la ansiedad. El silencio de una plaza que no ha soltado la cuerda de la historia. Como un espacio sin domesticar. Días atrás, esta plaza ha sido noticia. El constructor Óscar Vidaurre quiere abrir ahí un café con solicitud de terraza El ayuntamiento dice que no consta ninguna petición en este sentido y que, si llega, se estudiará, puesto que una cafetería no es hostelería y, por tanto, no estaría afectada por la declaración de zona saturada de bares. Bueno, no será la primera vez que una normativa laxa o poco exigente acabe permitiendo, de palabra, obra u omisión, que una cafetería funcione como un bar de copas. La vecindad se ha puesto en guardia. N...
Claro que sí. Vayan cogiendo cita para trabajar en las fincas y almacenes de fruta de Huelva o Lleida, en los campos de manzanas del Empordà, de melones, lechugas y brócoli de Cartagena o de pimientos, tomate y espárrago de la Ribera de Navarra. Venga, los primeros en los mataderos de Binéfar o de Murcia, en las explotaciones ganaderas de Galicia y Andalucía, en la recogida de aceituna de Jaén y al volante de autobuses, repartos de comida rápida y paquetería, detrás de las barras de los bares, sirviendo copas, paellas y bocadillos de calamares, también en los andamios de las obras, en las grúas y las escombreras o limpiando escaleras, váteres, oficinas y locales comerciales. Y también las españolas. Como empleadas domésticas, limpiadoras, camareras de hotel y cuidadoras de enfermos y personas mayores. Venga. Pues va a ser que no. Que ahí ni se les ve ni se les espera. Así que esto de la prioridad nacional, seamos claros, va de apartheid administrativo, de racismo de manual. Aunque lo...