Cada Estado tiene sus secretos. Como usted o como yo. Uno puede vivir eternamente con los suyos, como bombas de tiempo sin explotar. Otra cosa son los secretos de Estado. Que son los inventados para limpiar su propia mugre. Mañana se cumplen 50 años de la matanza de Vitoria-Gasteiz de 1976. Era un miércoles de ceniza y la Policía Armada mató a cinco personas en aquella huelga general que conmovió a medio mundo. Por entonces, Arias Navarro era presidente del Gobierno, Tejero era teniente coronel de la Comandancia de Gasteiz, Martín Villa era ministro de Relaciones Sindicales, Fraga de Interior y el responsable de la carga asesina se llamaba Jesús Quintana Saracibar. Ninguno de ellos pagó nada, ni penó nada, ni nada fue suficiente para condenarlos por esos crímenes de Estado sin reconocer como tales. En 2014 hubo que recurrir a una magistrada de Buenos Aires, María Servini, para dictar una orden de extradición contra Martín Villa acusado de delitos de homicidio por los asesinatos de...
A veces ocurre. Que con 23 años quieres escribir como Umbral, incluso como Pla. Porque usan un lenguaje cargado de ingenio capaz de añadir valor añadido a lo inventado. Y eso es la literatura, dices. Y te pones a ello. Y lo haces como si hubieras vivido toda una vida para ser contada en un diario que has titulado “1978”. Así, a secas. Como si esa cifra, marcada como un tatuaje en la memoria, te sirviera para narrar un pasado sin nostalgia alguna pues aún eras muy joven para ese trote. Vicente Huici Urmeneta, pamplonés y boomer generacional, escribió un diario mientras hizo la mili en Madrid, donde entonces todo olía a recién estrenado: el socialismo refundado, la primera marcha del Orgullo, la Constitución, las canciones de Sabina, las nuevas librerías, el rastro, el cine de autor y hasta los militares indigestos con la democracia de la Operación Galaxia. Huici se pasea también por la Pamplona del 78, donde ETA ensombrecía aquella Umbría que novelara Sánchez Ostiz, con sus manifas...