Mear se va a poner difícil. Ahora, si pasas de los sesenta y te viene el apretón, tienes hasta nueve baños públicos donde desaguar. Pero la cosa pinta mal. Este ayuntamiento, empeñado en ofrecernos una ciudad instagrameable, se va a dejar una pasta en el nuevo Paseo Sarasate con aspiraciones competitivas con Les Champs-Élysées. Y en ese reencantamiento del paseo, los baños públicos sobran. Joder, una ciudad sin urinarios te obliga a vivir con la vejiga en estado de alerta. Argumentan que mear será lo de siempre, pero sin bajar esas escaleras que más de uno ha confundido con la entrada al metro de Pamplona o con un subterráneo a ninguna parte salvo a unos urinarios que se inauguraron el 5 de julio de 1921 siendo alcalde José María Landa. Desde entonces, los evacuatorios públicos, donde las mujeres trabajadoras fueron la mano de obra barata y precarizada que los ha mantenido, han sido lugares, no solo de evacuación a dos aguas, sino también de encuentros furtivos y de socialización...
Cada Estado tiene sus secretos. Como usted o como yo. Uno puede vivir eternamente con los suyos, como bombas de tiempo sin explotar. Otra cosa son los secretos de Estado. Que son los inventados para limpiar su propia mugre. Mañana se cumplen 50 años de la matanza de Vitoria-Gasteiz de 1976. Era un miércoles de ceniza y la Policía Armada mató a cinco personas en aquella huelga general que conmovió a medio mundo. Por entonces, Arias Navarro era presidente del Gobierno, Tejero era teniente coronel de la Comandancia de Gasteiz, Martín Villa era ministro de Relaciones Sindicales, Fraga de Interior y el responsable de la carga asesina se llamaba Jesús Quintana Saracibar. Ninguno de ellos pagó nada, ni penó nada, ni nada fue suficiente para condenarlos por esos crímenes de Estado sin reconocer como tales. En 2014 hubo que recurrir a una magistrada de Buenos Aires, María Servini, para dictar una orden de extradición contra Martín Villa acusado de delitos de homicidio por los asesinatos de...