Al comienzo de esta crisis, quizás algo más avanzada, cuando la saturación de excrementos inundaba ya la vida política y social, leí una columna de Manuel Vicent que venía a decir que, agotada la crítica, por exceso, a las instituciones enmarañadas en la red de animadversión popular, de los políticos, sus gestos, sus actitudes, sus actos y agotado también el análisis empírico de la realidad, porque ya sabemos qué pasa, por qué pasa y cual es el fondo más negro de los comportamientos de cada uno de los corruptos que nos gobiernan y adoctrinan desde sus púlpitos mediáticos, agotada esta vía de entendimiento de la realidad, decía Vicent, solo cabía la literatura como acto de salvación, como acto explicativo y expiatorio de una realidad nueva e inaccesible cautiva en su escoria desoladora. No fui capaz de seguirle. Me negué a creer que la literatura, por si sola, con su capacidad de remover y construir mundos nuevos, pudiese no ya explicar...
El blog de Paco Roda