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Chile#50

La semana ha ido sobrada de todo tipo de eventos con tendencia a la exageración. Todo ha sido a lo grande. Como si la vida se derramara sin solución. Mirabas a un lado y a otro y todo estaba lleno; las calles, las carreteras, los bares, las plazas. Todo invadido por una euforia perpetua. Como si estuviéramos conectados a una dinamo de energía neurótica. Quizá por eso a muchos políticos se les ha visto felices. Como nunca. Se celebró el 600 aniversario del Privilegio de la Unión que fue algo así como la entrada de Pamplona en la Champions de las ciudades modernas de Europa. Para sellar esa obsesión conmemorativa trajeron a un rey ilegítimo que le puso un poco de caspa a ese festival de la historia. Y hasta se montó un campamento medieval que es una forma de hacer turismo de la memoria. En Tudela hubo un Congreso del Bienestar y la Vida Buena con un lleno absoluto de gente perturbadoramente feliz. Luego llegó la Vuelta y también el Día del Vino. También empezó el curso escolar y l...

El dial

La DANA, lo que antes era una tormenta inesperada y salvaje, golpeaba los cristales de la ventana que repicaban como una sinfonía de Mahler. Y me atrapó cargando de melancolía aquella luz gris que destilaba la lluvia salvaje. Me había propuesto una dieta de nostalgia. Últimamente me topaba con amigos que solo lograban hablar del pasado. Y sentía que aquello no era obra de la edad, o no del todo, sino de una potente industria de la nostalgia que nos tenía atrapados. Al menos a la gente de cierta edad. Esa industria, visible en todo, en el cine, los libros, la radio, los anuncios, las canciones, trataban de mantener al público en un confortable duermevela nostálgico. Pero eso nos lleva a una amnesia masiva, pensaba. En estas estaba cuando eché la vista al viejo aparato de radio de los 80. Decidí saltarme la dieta. Moví el dial y lo situé en la ciudad de Budapest. Y entonces sonaron los ruidos de la avenida Andrássy y los gritos que salían de las ventanas de sus viejos edificios. Hi...

No más Jennis

A Luis Rubiales lo llamó Abascal a altas horas de la noche del 24 de agosto mientras aquel meditaba su dimisión agarrándose el escroto. Abascal le hizo saber que los hombres de verdad –no los blandengues- no piensan con el cerebro, sino con los huevos, esos son los auténticos hombres, como él. Como él y como Rubiales, hombres que no dimiten de su hombría por un beso robado. Y ahí, en plena noche conspiracional, se preparó la puesta en escena del machismo más soez y más bastardo. Ahí se compuso la serenata emocional de un machista sin escrúpulos que eligió la estrategia bonapartista de seguir adelante. Un tipo que, lejos de reconocer su error y su culpa ante esa Asamblea, que siempre ha funcionado como un abrevadero de cargos y prebendas, pasó al contraataque para convertirse en víctima negando a la víctima su palabra y convirtiendo al sujeto agredido en objeto agresor. Y se vino arriba con el discurso que Abascal le había dictado la noche anterior, donde culpaba de todo lo ocurr...

El teléfono

Me alojé en un viejo hostal que aún conservaba en sus habitaciones este tipo de teléfonos. Según me dijo el dueño, en el hostal no había más huéspedes alojados. Así que estaba solo. Mejor dicho, me acompañaba Mariana Enriquez con su libro “El otro lado”, una escritora argentina que te atrapa con sus historias. Porque es de esas personas que le suceden cosas no porque sí, sino porque solo a las buenas escritoras les pasan historias que saben contarlas como merecen ser contadas. Les diré que su última novela, “Nuestra parte de noche” es una obra maestra de un género incómodo pues nos habla de lo macabro y de un terror sobrenatural que se cruza con los terrores más reales de nuestra vida. Así que, llegado a la habitación y ya entrada la noche, quise saber quién estaba al otro lado de ese teléfono con su cable en espiral. Podía elegir cualquier número, como cuando juegas a estar al mando de tus fantasías. Elegí el 0 que como saben es un numero vacío, infinito, inexistente y qu...

Robopolítica

¿ Y si la nueva Inteligencia Artificial fuera capaz de dotarse de robots capaces de negociar los gobiernos de coalición, los pactos de gobierno o los acuerdos políticos ? Digo esto porque aquellos días, gran parte de la ciudadanía no dada crédito a ciertas noticias. O quizás a la ausencia de ellas. Vamos, que no acababa de entender ciertos movimientos políticos. En los corrillos, en las tertulias, en algunas terrazas donde se servían raciones de gambas a la plancha, en los bares castas de la ciudad y en los de barrio de toda la vida, en la sobremesa de muchas comidas y en no pocas cenas familiares, se hablaba, pero no se llegaba a entender qué ocurría, por qué algunos partidos ocultaban sus verdaderas intenciones. Vale, sí, era la política y eran los políticos que nunca son iguales aunque el populismo los iguale. Por eso la gente se preguntaba qué les pasaba a los partidos políticos que hablaban antes de tiempo, que ocultaban lo que todo el mundo sabía, que silenciaban lo pactado ...

Aunque

Sí, fue un desbarre presentar esas listas. Pero aunque EH-Bildu, navaja toledana en mano, se raje el cuello pidiendo perdón por los muertos y los vivos, aunque se plante en el Congreso y se queme a lo bonzo reconociendo sus culpas, aunque asuma la responsabilidad de todas las atrocidades cometidas por la Humanidad a lo largo de los siglos, aunque jure y perjure que su crucificante cruzada está guardada bajo llave que ha tirado al mar, aunque se entreguen a la Fiscalía del Estado y soliciten la perpetua sin revisión para garantizar la salud democrática tan exigida por quienes no dudarían encender las calderas del pasado. Aunque todo esto ocurriera, el PP y la ultraderecha política, mediática y jurídica, seguirían exigiendo más y más. Como un yonki enganchado a la desesperación. Un plus que no tiene que ver con la democracia, ni la política, la moral, la ética, la reparación, ni la expiación de lo ocurrido durante los años de sangre y plomo. Ya lo ven, Ayuso ha resucitado a ETA...

El Sueño

A tres días de su coronación, Carlos III comunicó a dos personas de su séquito más íntimo que buscaran urgentemente a un doble. El más real. No quería perderse la final de Copa entre Osasuna y Real Madrid. Así que el viaje a Sevilla se preparó de incógnito. Pero había un problema, que incluso para un rey era real. Las entradas llevaban tiempo agotadas. Los intermediarios reales se pusieron en contacto con Sabalza. Le expusieron el deseo del monarca y en su descargo alegaron que Carlos III era hincha del Burnley FC, un equipo de la segunda división inglesa donde Michael Robinson estuvo a punto de jugar antes de fichar por Osasuna. A oír esto, Sabalza, al que exigieron absoluta discreción, entró en pánico pues no disponía de entradas y tuvo que acudir a la reventa. Pagó 4500 euros pero los dio por bien empleados pues se sabía poseedor de un secreto que, en cualquier momento, podía dejar de ser inconfesable. En Londres, la mañana de la coronación transcurría con una absurda normalid...