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¡ Eh,petrel !

Ese hombre que está ahí en medio, con los brazos cruzados y mirando al infinito, permanece en silencio; como lo ha hecho cientos de noches en la más absoluta soledad. Ese hombre que estira las piernas como si estirara esa parte de la memoria donde las olas siempre rompen adioses, maneja felizmente la eternidad. Si se fijan, tiene los ojos cansados pero aún azules de tanto mirar al mar. Un día ya lejano quiso decirle hola al desconcierto y ser dueño del suelo que flotaba, y el mar que pisaba. Y fulminado por un resplandor que aconteció a la altura del pecho se echó a la mar sin saber que ahí uno asciende a lo más alto de las profundidades. Ese hombre que pareciera estar al mando de sus fantasías, ayer en el Planetario de Pamplona desplegó una lucidez terminal. Hablaba de un viaje que duró cuatro años recorriendo 38.000 millas marinas. Dio la vuelta al mundo, dijo. Yo creo que el mundo le dio la vuelta a él. Pues de repente, empezó a hablar con una vertiginosa lentitud. Así nos dijo ...

Espárragos

Pareciera que esa tierra que se ve, cerca de Piezalaparda, en Lerín, estuviera estirándose tras una noche larga y fría. Y si se fijan un poco, ha sido levantarse y peinarse al punto de la mañana. Como un buen hijo abrochado a las órdenes de antaño. Y es que esas trenzas recién tejidas con la exactitud de un sextante, pronto recibirán un fruto que para algunos es el oro blanco de estas tierras. Es cuestión de estar ahí y oír su respiración entrecortada. Como ya hicieran egipcios y romanos. Y esperar, como los grandes misterios sin descifrar. Llegará abril y mayo y hasta junio y esos frutos serán bien recibidos, como esos poemas de Dylan Thomas cargados de imágenes explosivas y que ahora leo delante de este campo que muestra las estrías de una fertilidad ilimitada. Llegará abril y mayo y junio y la tierra cabalgará sobre estos pequeños montículos convertidos en cordilleras repletas de frutos escondidos apuntando hacia un cielo que clamará su recompensa. Los hay verdes y blancos y d...

El timo mental

Detrás de esta frase, de esta idea, de este pensamiento trampa, de esta manera de entender la realidad, la gestión de la vida, tu vida, la mía, detrás de esta venta de felicidad fraudulenta, de esfuerzo innocuo, detrás de esta empresa por hacernos responsables de nuestra vida, de nuestras propias soluciones en falso, como si no dependiéramos de nada ni de nadie, detrás de toda esta ficticia autoayuda, hay vidas en juego, miles de vidas y de malestares en juego, detrás de frases como esta hay, puede haber un suicidio. Porque me estás diciendo Maïté Issa, que todo está en mi mente. Y solo en mi mente. Como si mi débil yo tuviera todo el poder que el mundo me quita a diario. Y no, mi mente no funciona si no tengo cosas muy vitales más allá de esa panacea estúpida que proclamas, necesito un trabajo, una vivienda digna, un sueldo digno, un descanso reparador, una asociación, una libertad digna, amigos, amigas, tiempo del bueno, para vivir, para sentir, necesito seguridades, un buen médi...

Corralizas

El frío de aquella mañana congeló el cielo. Varios buitres peleaban con las térmicas para levantar el vuelo. Un par de aviones iban a algún sitio que no existía en los mapas. Algunos cazadores resoplaban sus escopetas. Los campos estaban aún muy rezagados, durmiendo la tierra que en breve se auparía sobre los hombros de los tractores. Y sí, el día reclamaba ser conquistado con una marcha mañanera por las cabañas de pastor, esas fortalezas ganaderas que un día sirvieron de refugio a pastores lerineses de otro tiempo, gentes que miraban al cielo para jugar a las adivinanzas. Llegué a esta, la de Barranco Salado, mientras los buitres merodeaban alrededor dibujando círculos como los versos de Verlaine. De pronto, me acordé de Ferrer Lerín, que no es de Lerín, sino catalán nacido en 1944 y al que también le gustan los buitres, de hecho es ornitólogo, como ese amigo inglés que habla lerinés. Pero también es un poeta que hace poesía según vuelen los pájaros que observa. Él dice que é...

Pamplona negra

Sayas Galván y Adanero Fuhrmann eran dos sabuesos muy folletinescos curtidos en las cloacas del Estado. Tuvieron de instructor a un tal Villarojo, experto en extorsiones a cobro revertido. Su carta de presentación era directa, “no tenemos principios ni falta que nos hacen”. Con ese lema resolvieron algunos crímenes muy turbios y no pocos casos de transfuguismo político. Ambos estaban de nómina y plantilla en la agencia de detectives PPOX, famosa por cómo se las gastaban, gente a la que no le temblaban las piernas. El último caso resuelto era un crimen político cometido en la sede de Summun Maxima, una desconocida franquicia política ligada a la Internacional conspiracionista . El asesinado era un tal J. Sumarza a quien habían seccionado la yugular. Junto al charco de sangre flotaba una nota escrita a mano que decía: “la Reforma Laboral ni se compra ni se vende”. Tal cual. Esta semana, han sido invitados al evento Pamplona Negra, que como todo el mundo sabe es una semana blanca en...

Mundo machos

Una banda armada que sortea pasar una noche con una prostituta, no es una banda armada, es una banda de puteros. Vale, si esto escuece lo dejaremos en prostituidores, más amable. Esa banda armada va de ejemplar por la vida, de misión en misión y todo eso. Pero de cuarteles adentro son lo que son. No todos, claro, ni siquiera una mayoría, pero enturbian esa institución empeñada en limpiar su imagen a golpe de oscurantismo. Como hace la Ministra Robles, quien opina que la cosa ha sido privada, al margen de ese ejército español que defiende la tolerancia cero en materia de abuso o agresión sexual. Será en teoría, claro. Solo hay que acordarse del caso de Zaida Cantera, la comandante abusada por un superior en 2017. Pero es que el propio Observatorio de Vida Militar afirma que, en 2021 se detectaron 46 víctimas de acoso sexual dentro del ejército español, es decir, 19 más que en 2020, es decir un 70% más. Pero es que además, ese año hubo 143 sentencias condenatorias por parte de los Tri...

Bastarda

451 páginas llenas de dolor, de violencia y de amor, de abusos, de violaciones y de golpes que suenan huecos y rotundos contra una mejilla de once años, de once años, joder, puto cabronazo, 451 páginas que te devoran en medio de un río de lágrimas, páginas sin concesión de una autora que narra su vida, su perra vida en Carolina de Sur durante una adolescencia que desprende una luz brutal. Todo ello ocurre entre casas con porches, whiskies de garrafón, cervezas y tés fríos, jardines sin yerba, talleres de coches viejos, ruedas quemadas, música country y góspel, familias largas como una noche en vela e infancias arrancadas de la vida. Todo pasa en los años cincuenta del pasado siglo en esa América dura, racista y sin piedad. 451 páginas que te revuelven las tripas pero también te arman de esperanza pues sabes que ella, esa cría de once años te habla después, mucho tiempo después tras haber bebido ese tiempo negro. Y lo hace como una resistente sin concesión alguna al romanticismo mere...