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Pamplona negra

Sayas Galván y Adanero Fuhrmann eran dos sabuesos muy folletinescos curtidos en las cloacas del Estado. Tuvieron de instructor a un tal Villarojo, experto en extorsiones a cobro revertido. Su carta de presentación era directa, “no tenemos principios ni falta que nos hacen”. Con ese lema resolvieron algunos crímenes muy turbios y no pocos casos de transfuguismo político. Ambos estaban de nómina y plantilla en la agencia de detectives PPOX, famosa por cómo se las gastaban, gente a la que no le temblaban las piernas. El último caso resuelto era un crimen político cometido en la sede de Summun Maxima, una desconocida franquicia política ligada a la Internacional conspiracionista . El asesinado era un tal J. Sumarza a quien habían seccionado la yugular. Junto al charco de sangre flotaba una nota escrita a mano que decía: “la Reforma Laboral ni se compra ni se vende”. Tal cual. Esta semana, han sido invitados al evento Pamplona Negra, que como todo el mundo sabe es una semana blanca en...

Mundo machos

Una banda armada que sortea pasar una noche con una prostituta, no es una banda armada, es una banda de puteros. Vale, si esto escuece lo dejaremos en prostituidores, más amable. Esa banda armada va de ejemplar por la vida, de misión en misión y todo eso. Pero de cuarteles adentro son lo que son. No todos, claro, ni siquiera una mayoría, pero enturbian esa institución empeñada en limpiar su imagen a golpe de oscurantismo. Como hace la Ministra Robles, quien opina que la cosa ha sido privada, al margen de ese ejército español que defiende la tolerancia cero en materia de abuso o agresión sexual. Será en teoría, claro. Solo hay que acordarse del caso de Zaida Cantera, la comandante abusada por un superior en 2017. Pero es que el propio Observatorio de Vida Militar afirma que, en 2021 se detectaron 46 víctimas de acoso sexual dentro del ejército español, es decir, 19 más que en 2020, es decir un 70% más. Pero es que además, ese año hubo 143 sentencias condenatorias por parte de los Tri...

Bastarda

451 páginas llenas de dolor, de violencia y de amor, de abusos, de violaciones y de golpes que suenan huecos y rotundos contra una mejilla de once años, de once años, joder, puto cabronazo, 451 páginas que te devoran en medio de un río de lágrimas, páginas sin concesión de una autora que narra su vida, su perra vida en Carolina de Sur durante una adolescencia que desprende una luz brutal. Todo ello ocurre entre casas con porches, whiskies de garrafón, cervezas y tés fríos, jardines sin yerba, talleres de coches viejos, ruedas quemadas, música country y góspel, familias largas como una noche en vela e infancias arrancadas de la vida. Todo pasa en los años cincuenta del pasado siglo en esa América dura, racista y sin piedad. 451 páginas que te revuelven las tripas pero también te arman de esperanza pues sabes que ella, esa cría de once años te habla después, mucho tiempo después tras haber bebido ese tiempo negro. Y lo hace como una resistente sin concesión alguna al romanticismo mere...

Barras y barros

La activista y feminista Sara Ahmed dice que: “cuando una denuncia es archivada, la persona que la realiza puede sentirse también archivada”. Muchos vecinos y vecinas del Casco Viejo, hartas de la saturación hostelera que el barrio padece, han denunciado –desde hace años- esa masificación y todos los incumplimientos normativos que ello provoca. Pero como si nada. El problema del Casco Viejo, como el de otras ciudades, no es otro que la reconversión de un espacio residencial en un gran mercado, el desplazamiento de los derechos de la vecindad en beneficio de intereses privados y la usurpación del espacio publico en beneficio de empresas particulares. Prueba de ello son la barras sanfermineras de la Plaza del Castillo que, dado el análisis triunfalista de la responsable de Cultura del Ayuntamiento, serán restauradas en 2023. Y ello pese al reconocimiento de las quejas vecinales y de parte de los hosteleros. Y me temo que esas quejas, como dice Sara Ahmed, quedarán archivadas, como esa...

Lerín

Érase una vez un pueblo que ya en 1356 cosechaba vino, aunque sus gentes lo bebían desde muchos años atrás. Procedía de esas cepas casi salvajes que estaban cerca de la Sarda, por entonces un bosque de carrascas. Y dicen que esas cepas se alimentaban del fulgor de las estrellas fugaces que se estrellaban contra esa tierra dura y dulce a la vez. Y dicen también que en 1827 este pueblo tenía un curandero llamado Juan Abrego que estafaba a sus fieles con emplastos vegetales que obtenía de las plantas recogidas en las acequias del Ega y en Piezalaparda. Y que ese pueblo era más conocido por los Condes de Lerín que por sus gentes a pie de obra. Como una comadrona llamada doña Satur, un literato llamado Tomás Yerro, un inglés que habla lerinés y un lingüista llamado Amado Alonso que hasta el mismísimo Borges peleó por su amistad. Y así muchos más “érase una vez”. Porque la historia de este pueblo se alarga tanto como el último y tórrido verano. En esas estábamos cuando el pasado jueves...

Futbolcracia

Arrancó el espectáculo más consumido en buena parte del planeta. Pero uno no sabe de fútbol, ni de jugadas, estrategias o rotaciones. Es solo un intruso en este deporte secuestrado hoy por la desvergüenza. Ayer explotó ese arrebato mundial que alguien definió como la religión laica con más fieles del mundo. Y te planteas cómo cuestionar esa estampida de nacionalismo, racismo y machismo que ayer se puso en marcha. Cómo entender ese deporte que, como dijera Terry Eagleton: “ se ha convertido en una herramienta para la dominación capitalista y que nadie que quiera un cambio radical puede eludir la necesidad de abolirlo, aunque esto sea políticamente imposible”. Romper el discurso hegemónico futbolístico es difícil, pero Qatar es una vergüenza tal que no se puede obviar. Por muchas razones. Qatar es un país que carece de toda tradición futbolística gobernado por una dictadura absolutista impugnada por los principales colectivos de derechos humanos del mundo. Qatar es la consecue...

La 7

Cogí la 7 a las 8 en Etxabakoitz Norte. Iba casi llena, así que fue muy difícil avanzar por ese pasillo que te empotra contra la primera ración de realidad del día. El frescor de la mañana se volvió dulzón. Varias adolescentes blancas se montaron camino de los institutos. A medida que la villavesa se dirigía hacia San Juan se iba llenando de mujeres latinas, negras y árabes que cargaban con menores y carros de compra. En San Jorge ya iba a tope y las mascarillas no impedían sentir el aliento del desayuno en el cogote y un posado de ojos dormidos en tu hombro. Aquella villavesa de acordeón iba tan llena que parecía una ballena varada. Numerosos estudiantes se bajaron en el instituto Cuatro Vientos. Se liberó espacio, pero se ocupó enseguida por una segunda oleada de mujeres africanas que subieron en Marcelo Celayeta. Oí hablar francés e inglés, también árabe y supuse que estaba amaneciendo en Camerún, Nigeria y Marruecos. Y pensé que aquellas mujeres limpiaban el mundo. En An...