Seguramente la solidaridad personal y privada, entre iguales, va a emerger de un momento a otro. Quizás ya lo está haciendo. Esa solidaridad de buena fe, de buena gana y mejor voluntad. Especialmente con aquellas personas más vulnerables, con aquellas con la que esta pandemia se va a cebar con más intensidad. Con las que tienen menos recursos personales y materiales. Con las desprotegidas, solas, pobres, aisladas, con los drogodependientes, gentes sin hogar, sin recursos, fa milias con menores fuertemente precarizadas, desahuciadas, gentes que comparten una habitación de mala muerte, gente mayor y sola, altamente dependientes, mujeres solas, racializadas, inmigrantes sin recursos, exiliados, refugiados. Y así hasta casi nueve millones de ciudadanos pobres y en situación de pobreza relativa y severa que no podrán hacer frente a esta pandemia como mandan las recomendaciones. Sencillamente porque no pueden. Porque sus vidas ya eran una pandemia invisible. Y ahora se les exige gesti...
El blog de Paco Roda