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Hubo un tiempo

En que las cosas estaban claras. O cuando menos en su sitio. Las cosas de la vida,   la muerte, del amor y del día a día; las creencias, las utopías y hasta   el lugar que uno ocupaba en el mundo. Todo estaba en su sitio. Sabíamos a qué atenernos. Usted sabía las reglas del juego. Uno militaba y amaba y sabía porqué y para qué . Uno tenía fe, el que la tenía, y le servía para interpretar los designios del pasado, del presente y hasta del futuro. Porque el destino no era un juego trucado y el presente sucedía al pasado. En definitiva, estábamos armados de un yo fuerte y sin fisuras. Y si éramos rehenes, sabíamos el precio del rescate. Pero   ese yo   fuerte y cartesiano se ha fragmentado en mil pedazos. Ya   nadie sabe a qué atenerse. Su vida, la de usted y la mía,   es un itinerario a la deriva que puede recalar en varios puertos, reconstruirse decenas de veces y reinventarse en sucesivos yoes edificados sobre los restos de no pocos naufragios  ...

Podemos o Pudimos

Oigo a Iglesias o a Errejón y, qué quieren que les diga, me cansan. Hilvanan tanto sus argumentos, los retuercen con tanta explosividad argumental, que ya no se si quieren seguir asaltando los cielos o huir del fuego cruzado de la realidad. Sus ejercicios de retórica son muy acústicos. Porque están compuestos para refutarse con brillantez sonora. Hasta ahí todo bien. Pero llega un momento en que esa inflación argumental se desparrama por el vacío. Por la nada inocua. Les oyes y desconectas porque sabes de antemano que nada nuevo va a ocurrir tras   ese cruce de megalómanas disquisiciones que se han ido alejando de las vidas reales de la gente. Porque esas gentes a las que ambos aluden no esperaban esta rehabilitación general de las herejías. Solo creyeron que Podemos podía redimir su desactivada manera de soportar esta perra vida.                   Que qué ha pasado en Podemos para llegar a ...

El lanzallamas

Estoy hasta ahí mismo de Paulo Coelho, Eduard Punset   y Jorge Bucay, gurús de la autoayuda que nos venden sin garantía alguna que todos los problemas tienen solución cuando sabemos que muchos no la tienen, que todo pasa, que sea usted mismo y que se joda el mundo, que deje de desesperarse por estar en paro, que haga de esto, de estar en paro, separado, gordo o enfermo terminal una oportunidad de cambio, que sonría por decreto a una vida de mierda, que positivice esa vida que no es vida porque hasta un demonio enloquecería de tristeza, que le de la vuelta a su depresión, que coma sano porque le hará mejor persona, que afronte la semana como si cada día fuera viernes por la noche, que busque en su interior hasta encontrar un trébol de treinta hojas, que usted es un triunfador de serie y que si naufraga haga suya la frase de Samuel Beckett que decía: “fracasa otra vez, fracasa mejor” Y una mierda. La felicidad no se impone por decreto.        ...

Tirarlo o no tirarlo

Este fin de semana en Pamplona, unas jornadas han abordado un debate incómodo. Qué hacer con el Monumento a los Caídos, un edificio que   se levantó en honor   de los vencedores de una guerra bastarda. Un asunto en el que es difícil   ser imparcial. Porque   serlo sería una traición a la verdad. En juego hay restos de sangre, memoria, emoción, duelo, dolor, dignidad, traición y más. Tanto, que no caben en esta columna. No tengo la memoria familiar   ensangrentada. Pero conozco a   gente con una retahíla de familiares   fusilados   cuyas almas todavía aúllan en las entrañas de la tierra. Siguen desaparecidos mientras nos entretenemos en buscar    el sentido, uso o continuidad   de un edificio levantado en   honor   de una sola sangre. Y encontrarlos quizás fuera lo   prioritario, más allá de este necesario debate. Pero puestos a pensar, creo que este asunto no puede resultar amable para nadie. Ni resolverse con ...

Mestre Maestro Mestre

He aquí a un hombre construido sobre el alambre de un poema, un hombre de una voz dorada que te llega rasga el alma, que te la inmacula con un aspersor de bienvenida tristeza. Mestre no debería ser de este mundo. Pero para su desgracia lo es. Y por suerte para quienes lo oímos desde las profundidades de la emoción, desde las alegorías imposibles de la lucidez. Mestre me recuerda a esos profetas paralizados por éxtasis robados. Oír recitar a Mestre supone experimentar un juego de química en el que te das cuenta que estás escuchando a un mártir de la sensatez. Porque frente al estoicismo de saldo que nos preside, Mestre suena como un epitafio en medio de un misterio.  Inmenso Mestre en Pamplona, junto a Paco Ibañez,  con motivo del final de unas jornadas en las que se juzgaba al franquismo arquitectónico que aún perdura en nuestra ciudad.

Barricidio

memoriasdelviejopamplona.blogspot El casco viejo de nuestra ciudad, ese que ha visto   el mundo por encima de la terraza del Arga y que siempre ha soñado con el mar arrojado sobre   sus murallas, es hoy un barrio   herido. Quizás de éxito, pero herido. Barrio que hace años fue territorio de resistencias, transgresiones y habituado al contratiempo. A la tensión permanente. Barrio de luces, sombras,   oportunidades y amenazas que siempre gestionó lo suyo a pie de calle. Una calle de luchas heroicas y también de derrotas vergonzantes. Y también de reconquistas   por obra y gracia de un vecindario que se sentía eso, vecindad. Fueron los años de las manifas diarias radiadas por la   Eguzki Irratia, la insumisión pionera, el gaztetxe del Euskal Jai y la pelea entre adoquín y loseta. Y otras más que aún resuenan en algunas calles. Porque estas pequeñas victorias   lo fueron de toda la ciudad.   Pero se gestaron como propias por las gentes de aquí....