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El Pozo

A cierta edad el tiempo te sopla en el cogote por barlovento. Como una gota helada cabalgando sobre un pentagrama sin sonido. Y sientes que cada instante   está   medido por un   golpe de suerte o de pura casualidad.   Y es que hay días que recelas hasta del espejo, ese que cada mañana te muestra una nueva renuncia.   Ayer mismo supiste de un caso fulminante. Casi sin tiempo para inscribirse en   el calentón anual   de deseos   del nuevo curso.   Y te inquietaste o te pusiste a llorar. Como perjurando contra un tiempo vacío. Yo más bien   diría que te entró el pánico.   Y así anduviste toda la mañana, renqueante, como queriendo encontrar   el   libro de instrucciones para ese desaguisado de tu alma inquieta.   En esas estabas, cuando por la calle te sorprendió un desfile infantil.    No tenían más de cinco años. Caminaban   alegres e inocentes alterando el gris marengo de aquella ciudad otoñal. Te ...

¿Qué celebramos?

Vivimos a golpe de fiesta, de juerga perpetua: Sanfermines, fiestas de Calderería, de la Jarauta, san   Lorenzo, santo Domingo, san Fermín Txiquito, juevintxos , , semanas del pintxo , noches del   rosado y fiestas de guardar. Y porque no hay más santos a mano ni más vecindad exiliada que lo soporte. Pareciera que no hay otra forma de hacer vecindad, barrio o   ciudad que no sea a golpe de charanga permanente, de resaca constante.   Como si la muerte nos quisiera pillar de madrugada. Como si   en la farra institucionalizada por   decreto encontrásemos ese estado natural de ser buenos vecinos, consumidores, militantes de barrio y   guais   sin más objeto ni pasión que consumir u organizar fiesta tras fiesta. Como un alocado desfogue.   ¿Qué celebramos a todas horas? ¿Qué razones esgrimimos más allá de una falsa socialización festiva absolutamente despolitizada y desideologizada? ¿O es que tanta fiesta nos redime de algo?   O es que es...

Resistir, pensar con radicalidad en medio del caos

Recientemente cayó en mis manos un libro cuyo título ya me impactó: La insurrección que viene . La autoría venía firmada por un tal Comité invisible . Pero más me sorprendió la contraportada que decía así: «El Comité invisible es una tendencia de subversión presente. Recientemente, varias personas fueron detenidas en Francia por el mero hecho de tener un ejemplar de este libro en su casa. Y lo más inaudito es que se les aplicó, en el país de los derechos del hombre y del ciudadano, la ley antiterrorista»   Esta última frase la leí dos veces. Si aquello era cierto, allí dentro había un material altamente explosivo. Y vaya   si lo había.             Yo no sé ustedes, pero les reconozco mi desconcierto y mi desfondamiento político e ideológico. Pese al entrenamiento que a diario nos   obliga la vida. Y por más que intento ordenar mis prioridades, mis ideas, y   mis deseos;   por más que   analizo, p...

Gobernar la ciénaga

Tal sea verdad. Que a estas alturas de la infamia, la política sea solo   un estercolero donde pastan trileros de impecable currículo y   corruptos muy éticos   de misa diaria. Tal vez sea verdad que a la gente este limbo político se la trae floja. Que nada importa ya. Porque la   política es solo un   viejo sueño de ciertas revoluciones que conmovieron el mundo. Tal vez sea verdad. Aunque cueste creerlo   y peor decirlo. Porque afirmar que la política no sirve, que qué más da;   es hacerle el caldo gordo al neoliberalismo ideológico más fascista y reaccionario. Por eso hay que hilar fino. Y es que, este hartazgo, este estar cansados, despotricar contra todos los políticos   y desertar de las terceras elecciones, es lo que los poderes mediáticos que rigen este reino de España están fraguando. Y en esa estamos. O nos meten. Creyendo que no hay escapatoria más allá del putrefacto pacto de Estado. Porque todo vale ya. Chulear a las instituciones...

El santo

Foto: Premín de Iruña En el cielo hay un sala, según se sube, a mano derecha, donde se tramitan los expedientes de santidad. En esa oficina iluminada por una luz cegadora,   trabajan sin cesar algunos funcionarios celestes. En la puerta cuelga   un letrero que   dice: reservado el derecho de admisión. Sobre las mesas, del mismo mármol   que Miguel Ángel utilizó para   esculpir su David, reposan   algunas solicitudes para acceder a ese estado eterno que ya cotiza en la Bolsa de Roma. El último en llegar ha sido Josemaría. Un santo que no ha hecho nada relevante en esta vida. Salvo medrar entre los pasillos vaticanos vendiendo su   nombre con   denominación de origen de santidad. Aparte de esto, nada. Y es que uno se trabaja   su ascenso a los cielos en la medida que   ha sido decepcionado por las paradojas terrestres. Y este hombre ha vivido y se ha implicado más bien poco en los auténticos problemas de la gente normal y corriente....