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Antes muerta que sencilla

Quien pasa de la cincuentena lo recordará: Zain dezagun Belagua! fue más que una pegatina inolvidable. Fue un icono movilizador del primer conservacionismo medioambiental. Un grito contra un cuartel militar inservible que se alzó en Yeguaceros por encima de todas las leyes. Por seguridad nacional dijeron. En medio de aquella juerga antimilitarista y ecologista, unos cuantos gipimontañeros llevaban ya más de diez años haciendo del refugio de Belagoa, (1971) un lugar de referencia para el montañismo vasco. Algunos de mis mejores amigos y amigas los conocí allí,   entre perolas y cuerdas de escalar. Aquello duró hasta 2004, fecha en que el refugio, propiedad de la Junta del Valle de Roncal, se cerró. Cosas del tiempo, los nuevos hábitos de consumo y   el nuevo turismo influyeron en ello. Hoy el refugio es un lugar-ruina que enloquece a quien lo recuerda en plenitud. Un no-lugar en el vacío que clama venganza. Pues Navarra es la única comunidad pirenaica que no dispone de ...

Caridad alimentaria

Uno tiene larga intimidad con la duda.   Fruto de lo que le ronda y no le cuadra. Y es que no es fácil cuestionar la próxima Gran Recogida organizada por el Banco de Alimentos de Navarra. Porque pareciera que uno está en contra de la solidaridad, de la buena fe y mejor voluntad de los mil voluntarios y abanderados contra el hambre en Navarra. Pues no. Les cuento. Yo no dudo de la buena fe de nadie, ocupe el cargo que ocupe, dentro del BAN. Lo que cuestiono es la gestión, la estrategia, la actividad en sí. Porque esta iniciativa, como otras en España, responde a una nueva beneficencia socializada como valor. Un valor que apela a la buena voluntad privada pero que no cuestiona el núcleo duro de la pobreza social. Que potencia la caridad sin cuestionarse la desigualdad y menos la justicia distributiva. Aunque se diga. Que no nos moviliza más allá del supermercado. Ni siquiera a los voluntarios, convertidos en empaquetadores o transportistas. Que no genera rede...

Dan miedo

Párense en esa mirada. En esa mirada que no es una mirada, sino un asesinato. Miren a esos ojos si son capaces de sostenerle la mirada. Dan causa, dan miedo. Esos ojos no son ojos, son dos puñales afilados que buscan, no consuelo en la otra mirada al vacío de un hombre en el hueco de una tormenta, sino complicidad. Y esos otros ojos del ministro no se asombran, se quedan ahí, petrificados en la escucha bastarda de la próxima víctima, una bandera, un juicio, cualquier cosa. Esa mirada no es una mirada, es un escarnio para la democracia ninguneada y pervertida por esta pareja de servidores de vaya usted a saber qué ley y a qué precio. Dan Miedo. Dan Causa

Rumanos

Son rumanos. Y son gitanos romanís. Nómadas sin territorio, sin estado. Han cabalgado   entre el destierro y el extermino, perseguidos   por los   nazis y   hasta 1958 esclavos en un estado comunista que los disolvió como pueblo a golpe de normalización roja.   Ahora los tenemos entre nosotros. Se calcula que unos 750.000 romanís viven en el reino de España, de ellos unos   420 en Pamplona. Huyen de una Rumanía sobreempobrecida. Y nuestras peores condiciones son sus palacios rumanos. Son nuestros refugiados. Es la minoría étnica más estigmatizada en esta Europa alcoholizada de tolerancia de garrafón. Acusados sin presunción de inocencia alguna. Ciudadanos europeos libres para moverse por un pantanal de prejuicios. Gentes sin empleo, sin ingresos, abocados a una miseria escandalosa. Sobre ellos pesa un racismo indecente, descarado. Por su forma de afrontar una vida que no es vida. Por mostrarnos sin pudor sus maneras de sobrevivir. Eso es lo que nos esca...

Lo que el santo no ve, o cómo cuestionar los Sanfermines sin dejar ser un buen pamplonés

San Fermín. No hay en el imaginario colectivo pamplonés una evocación más simbólica, más vinculante. No hay. Por mucho que te esfuerces, no encontrarás nada que vincule tanto   a un pamplofascista sin rubor con un izquierdista radical libre.   A una votante UPN con otra de Bildu. Y es que El Santo tiene poderes de seducción que llegan más allá de la ideología que profeses. Porque el Santo está por encima de todo. Para justificar todo. Todo en su honor y deshonor. Y es que Pamplona por San Fermín (en adelante Pamplona por SF)   deja de ser una ciudad para convertirse en un   macroevento festivo de proporciones gigantescas que altera la vida e incluso la muerte   de esta gloriosa ciudad. Pamplona por SF ofrece todas las claves simbólicas para generar una identidad colectiva que esconde y omite la   auténtica realidad de la ciudad, que apaga los focos de los conflictos internos, las contradicciones, las diferencias, los usos y abusos cotidianos de la fies...

Pérdida

Tengo edad para recordar épocas mejores. Pero no tanta como   para reconocerme defendiendo aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Porque no es verdad. Pero sí tengo conciencia de haber perdido algo. Algo quizá definitivo. Y esa perdida tiene que ver con la manera de encarar la vida, de entendernos, de pensar, de soñar, de vivir, planificar, trabajar, compartir, disfrutar, escribir, amar   y esperar. Algo definitivo que marcó una idea de destino y de futuro. Pero también una manera de vivir el presente social, personal y colectivo como pueblo, como ciudad   o como grupo de amigos. Algo que tiene que ver con la realidad y con lo que nos toca vivir   cada día. Creo que no solo hemos perdido calidad de vida, pese a los estúpidos análisis de Del Burgo cuando relaciona esto con la cantidad de móviles que disponemos. Hemos perdido mucho más. La ilusión y la confianza   en cambiar   este asqueroso mundo. Y de eso, le   echo la culpa a estos lar...

Casa Ortega, de toda la vida

Casa Ortega, Pamplona, calle Mayor, mayo 2016 Uno echa en falta estos escaparates. Esos en los que tu niñez se ve reflejada policromada de  sensaciones. No por echar la mirada hacia atrás en busca de la nostalgia melancólica, que es el principal aliado de la neurosis, sino porque esa mirada hacia atrás te habla de un tiempo más amable. Mucho más. Esta tienda lleva en esa calle muchos años, resistiendo el paso el tiempo, incluso sus dependientes y dependientas mantienen las mismas vestimentas de hace años. Con sus miradas tranquilas, acogedoras y amables. Su lentitud ajena a ordenadores y cajas registradoras. Auténticos apóstoles de la sobriedad y austeridad bien entendida. Apóstoles del decrecimiento acumulado por un saber hacer sin querer ser. Ni más ni menos. Resistiendo el envite voraz de cortesingleses y otras marcas inditexadas,  asesinas de pequeños comerciantes precarizados por una invasión descompuesta. Ortega resiste. Como un baluarte en medio de una calle Mayo...