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Entradas

Poe

El 22 de enero de 1845 Edgar Allan Poe amaneció de buen humor: junto al porche de su casa -una modesta pero coqueta vivienda de dos alturas, de madera de cedro pintada de blanco, chimenea de ladrillo, amplio galpón contiguo y agradable yard delantero- , se encontró con la edición dominical del Evening Mirror que publicaba su poema "El cuervo". Pocas semanas después llegaron elogiosas reseñas y al cabo de los meses la inesperada y amplísima fama. En un visto y no visto, Poe había dejado de ser un oscuro periodista para convertirse en una celebridad, incluso para aquellos que jamás leían un libro y que, sin embargo, leyeron "El cuervo". Las tertulias y los clubes se rifaban a la nueva estrella de la escena literaria de Nueva York y Poe trataba de no defraudar a nadie sin defraudarse a su vez a sí mismo. Una tarde bajó las escalerillas del porche y se encaminó hacia el tranvía que debía llevarlo al encuentro con otros escritores que tendría lugar en casa de Anne Cha...

Desenchufe

Siento pertenecer   a ese porcentaje de ciudadanos que no logra entender el procés català. Ni a corto ni a medio plazo. Mucho menos los movimientos que las diferentes fichas han realizado en esa compleja partida de   ajedrez llamada a dar jaque mate al reino de España. Y les puedo asegurar que los medios españoles leales al neoliberalismo político de la España grande y libre   no me conmueven. Pero lo peor está siendo   querer entenderlo por encima de todo, sin filtros, sin objeciones, por encima y por debajo de Mas. Entender discursos, asambleas, votos, contravotos, idas y venidas, negociaciones y retiradas a tiempo. Dar por bueno cualquier paso porque el procés está exculpado de toda equivocación.   A cualquier precio. Entonces es cuando entro en barrena. Porque en otros momentos de la historia las aristas se han mirado con lupa. Un amigo catalán me dice que la mayoría política del pueblo de Catalunya está por la desconexión española no tanto porqu...

La otra acera

Sé que hay asesinos que limpian sus crímenes con el papel de   las acciones que invierten en   bolsa, imbéciles que se ganan la vida vendiendo la   exclusiva de su histriónica existencia, estafadores encumbrados en los parlamentos, políticos y moralistas   que buscan compañía en burdeles de lujo, sacerdotes que rezan después de sodomizar a sus confesados, capitanes de empresa que, mientras firman mil despidos, engullen pinchos de tortilla de patata, banqueros de dientes afilados que se alimentan de   hipotecas, diputados tránsfugas que venden su voto por una ración de jamón de Guijuelo, tratantes de ganado que invierten en cuadros de   Miró, intelectuales pesebreros que escriben al dictado,   policías sádicos que saludan   con una sonrisa profidén, fanáticos e inquisidores que se creen poseedores de una verdad carnicera, financieros decrépitos acompañados de bellos asesinos, traficantes de armas de misa y comunión diaria, periodistas sin e...

San Barcolás

  Calle San Nicolas, Pamplona, saturada de bares. Foto: Mikel Saiz Aquella calle, en tiempos llamada Tornerías , había perdido hasta su nombre. Apenas quedaba rastro de los viejos comercios fagocitados   por una hostelería   especulativa de alta intensidad. Ese nuevo barismo posmoderno sin vinculación vecinal,   monopolizaba   el ochenta por ciento de la actividad comercial   y actuaba sin piedad. Como si la calle San Nicolás   fuera suya. Más aún, como si   el vecindario y la propia autoridad municipal debieran rendirle pleitesía a cambio de la dinamización gastrocultural que proclamaban. Porque allí mandaban ellos. Nuevos bares, pese a la moratoria existente, estaban a punto de abrir mientras otros se   permitían la osadía   de saltarse el horario nocturno de actividad noche tras noche. Algunos   bares de esa calle tenían licencia comercial de una cosa y hacían otra. Sin cortarse un pelo. Allí había bares de nombre pero en...

Bolaño en la noche

La noche del 8 de enero de 1972, Roberto Bolaño estaba solo y muy fumado en el centro de una selva cetrina, jugosa, movil, y a pesar de los peligros que podían acecharle, se mantenía tranquilo, concentrado, casi obsesionado con una idea, o más bien con una imagen, un breve plano-secuencia ocurrido milenios atrás: la cámara se acerca a Jenócrates, hijo bastardo de Platón y padre castrado de Epicuro, y vemos como en el silencio abrupto del centro de la noche, el filósofo se levanta apurado, probablemente a hacer de vientre, tropieza con una olla, cae, se quiebra el cráneo y muere. A la mierda con  el ειδος y la   διαλετικη, así de fácil, se acabó. Y fundido en negro en la mente del chileno antes de que la secuencia recomience de nuevo, como si hubiera algo que entender en esta historia. Fragmento de la la Agenda 2016, Anoche un libro me salvó la vida . Ed. errata naturae

El fin del Homo sovieticus

  Estoy en la suculenta lectura de una obra que quiere ir al corazón de las tinieblas políticas, a retar a la historia, a ponerla contra las cuerdas, a entender y desentender    lo que ha sido la construcción y deconstrucción   de una nación, un ideal y una cultura y su devenir en una cascada   de miserias. Estoy con la Nóbel 2015, Svetlana Alexievich y su “El fin del Homo sovieticus” (Acantilado) . Hay pasajes en este libro que te llevan a ninguna parte, sobre todo a esa parte en que la nada y también el todo   eran grises y no había olor en los decorados salvo a berza cocida y rábanos avinagrados, quizás como el porvenir instalado en la memoria y en las expectativas de los habitantes de aquella URSS que algunos idealizamos hasta descubrir los sinsabores de un capitalismo bastardo. Este texto de una notable traza roza todos los géneros en un alarde de ingeniería literaria:   ensayo, crónica periodístico, memorias, novela histórica, reporta...

Biblioteca

Fue Roberto Bolaño quien dijo “mi patria es mi hijo y mi biblioteca”. Para muchos,   la Biblioteca de   San Francisco fue también nuestra patria. Aquella biblioteca de antaño, con sus ficheros manuales, su mostrador tipo ultramarinos y sus dependientes que desaparecían entre estanterías cargadas de saberes, fue un escondite donde librarte del tiempo muerto de la edad, de ligues, de pobres que buscaban calor, de   quedadas para   matar la tarde y donde mucha gente preparó   oposiciones. Aquello se cerró por obra y gracia del neoliberalismo cultural más bastardo y se particularizó en nombre de la eficacia privada que nunca demostró ser más eficiente. Así hemos estado algunos años. Con una biblioteca de barrio   renovada, cierto, pero convertida en poco más que   una guardería y guarida de internautas. Sin fondos, sin novedades, sin personal y donde los libros se retuercen de tristeza.   El ultimo día del año una noticia me alegró la mañana. N...