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Hospital

Pabellón E. Hospital de Navarra 2015 Imagínense en la profundidad de la noche. A esa hora en que las angustias campan a sus anchas,    sin frontera alguna. Solo la que impone el amanecer. A esas horas uno puede cometer el error de   hacerse una visita a sí mismo. Sobre todo si contemplas   en directo que   la vida es un proceso en demolición. Llevo diez días cuidando a mi madre en el Hospital de Navarra. Y eso es como un viaje al fondo de la noche. Una visita despiadada al lado oscuro del dolor, la enfermedad; al pensamiento sombrío, como la  tristeza de una lagrima congelada. Para combatir el miedo de esas noches, recorrí el kilómetro cuadrado del Complejo Hospitalario de Navarra, como le llaman ahora. Y comprobé que por los pasillos de los pabellones D, E, y H,   las certidumbres se desvanecen y   la existencia toca suelo. Por esa geografía de la enfermedad, la vida y la muerte se saludan sin rubor. Varias   veces vi a Caronte ...

Ya era hora

19 julio de 1936, requetés navarros arrían la bandera republicana en el palacio de Diputación Este es un libro que, cuando uno lo abre tiene la sensación de que sus protagonistas siguen ahí, mirándote de frente para compartir contigo la sangre derramada por una historia interminable. Hablan desde un lugar anestesiado de la memoria. Desde el único lugar que uno encuentra consuelo ante la muerte. Cada vez que pliegas una hoja, se puede oír el eco letal de los disparos que acabaron con la vida de muchos de ellos y ellas. Este no es un libro de fácil lectura. Tal vez no sea ese su cometido. Porque los libros sirven para deleitarse con la fantasía o el ingenio de quien los escribe. Pero este no. Porque quien lo ha escrito ya no está para pedir nada . Ni siquiera el olvido que sus verdugos solicitan. Este libro es el retrato amargo, dramático y doloroso de una época siniestra. De un tiempo que exige volver a nombrarlo como dios y la historia lo reclaman. Un tiempo que no se puede o...

Enredar

Ganas de enredar. Para remover el estiércol, el lodazal rentable. Para que vuelva a oler, para sacar dividendo, para confundir, marear, enmarañar la vida, de por sí crujida por tanta ciénaga enquistada. UPN le pedía el otro día a la portavoz del Gobierno, Ana Ollo,   más entusiasmo por la detención de la cúpula de ETA.   Se   extrañaba UPN,   que la portavoz no tocara arrebato las campanas de Palacio. Como si esas detenciones, activadas electoralmente,   se la trajeran al pairo. Ollo tenía que haberse encomendado a San Fermín y   brindar con patxarán “la Navarra” por la Guardia Civil.   Pero no. No   se comportó como una navarra de pro.   Los regionalistas se preguntan por qué calla Ollo cuando a la gente normal lo que le preocupa es llegar sano y salvo a fin de mes. Y para revolver más. Otro colega de UPN, el ministro del Interior, un tal Fernández Díaz,    comparó el otro día   la lucha por pillar cacho y foto en el ...

Los libros peligrosos de Tallón

No conocía a Juan Tallón. Pero hay gente que con la primera frase que  suelta sabes que lo profundo llegará en la siguiente. Y así es. Como las grandes verdades, que se dicen en los vestíbulos. Pues eso es este enorme libro, pura nicotina literaria. Empiezas con un autor referido y ya estás marcando el libro y las frases que cabalgan una sobre otra. Como si Tallón  hubiera leído las enormes cabalgadas oníricas de Curzio Malaparte, al que por cierto uno echa en falta en esta larga lista de obras maestras peligrosas. Y de manera especial  "La Piel". Tallón: ¿en qué estabas pensando para olvidarte de él? Tallón no hace critica literaria, hace literatura con la crítica que sabe hacer. Un tipo leído y, además, seguro de los lugares que ha recorrido. Cioran dijo en su "Ocaso del pensamiento"   La filosofía es demasiado soportable. Ese es su gran defecto. Le falta la pasión, el alcohol, el amor. Yo creo que Tallón podría haber terminado este libro diciendo algo así co...

Libre de impuestos

A  la mayoría de quintacolumnistas de este diario se nos ve el plumero. A cada cual según su taquicardia semanal. Y ustedes lo saben. Les tengo que reconocer una cosa. Antes de la caída del régimen, me resultaba fácil levantar esta columna. Porque cada semana competía con la siguiente en una carrera bastarda por el envilecimiento. La sinceridad del viejo régimen se había hecho imposible y la ironía o la dentellada operaron desde esta esquina como la única forma de redención. Por lo menos para mí. Como el sonido de un epitafio en medio de un circo. Y funcionó. Unas veces peor y otras mejor. Porque servidor entendía que cada columna era un acto de rebelión. Y algo había que hacer con ella. Eso sí, sin aflojar la corbata para respirar. Desde que la izquierda excitada y variopinta nos gobierna, uno reconoce que ha entrado en régimen de autocensura. Me cuesta viajar a los agujeros negros de esta nueva gobernanza. Y eso me preocupa. Porque uno entiende que si, como dice Borges...

La mentira sienta cátedra

M añana comienza en la UNED un curso titulado  Cómo detectar mentiras: comunicación no verbal y perfiles psicológicos . Quizás me apunte. Me puede el morbo por saber quién será mi compañero de pupitre. Porque, digo yo; si alguien se apunta a un curso así, solo puede ser político, trilero, banquero, comisionista, alcalde venido a menos, presidente de comunidad autónoma o incluso, presidente de gobierno o expresidente con ganas de redención. Porque no me imagino allí a mi pescadera. A no ser que en vez de lubinas nos esté vendiendo barbos. Dice la propaganda del curso que se abordarán temas como la detección del engaño y las nuevas propuestas científicas para detectar mentiras. Vale. Me da que los ponentes piensan que en cada mentira hay una pirueta cínica que vuelve del revés todo lo que el engaño posee de reprobable. Por eso se empeñan en explicarnos cómo opera la falsedad. No sé quién inaugurará el curso. Propongo que venga Rajoy acompañado de alguna expresidenta flanq...

Es cosa de hombres

Vaya por delante que el título lo he robado en una calle. Ya sé que este tema a algunos hombres   les saca de quicio. Que la frivolidad absoluta con la que se trata, lo convierte en discusión tabernera pero no en cuestión de Estado. Y que, pese al escaso desarrollo jurídico que ha desplegado la violencia contra las mujeres, esa violencia, instalada en los agujeros negros   de una sociedad enferma, sigue llevándose por delante a setenta mujeres al año en el Estado. Pero nadie con responsabilidad de cambiar el rumbo de la historia va a hacer nada. Porque esa historia no va con ellos. Con los hombres que tienen en su mano la posibilidad de incidir en este sangrante delirio de una civilización más que cuestionable. Y sobre todo, porque ellos no mueren. Quienes pueden hacer algo para evitar tanta muerte no obtienen ningún beneficio. Ni personal ni social. Como mucho, ese algo,   les sirve de currículo progresista. Que las mujeres pasen a ser ciudadanas de primera es...