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Entradas

Libre de impuestos

A  la mayoría de quintacolumnistas de este diario se nos ve el plumero. A cada cual según su taquicardia semanal. Y ustedes lo saben. Les tengo que reconocer una cosa. Antes de la caída del régimen, me resultaba fácil levantar esta columna. Porque cada semana competía con la siguiente en una carrera bastarda por el envilecimiento. La sinceridad del viejo régimen se había hecho imposible y la ironía o la dentellada operaron desde esta esquina como la única forma de redención. Por lo menos para mí. Como el sonido de un epitafio en medio de un circo. Y funcionó. Unas veces peor y otras mejor. Porque servidor entendía que cada columna era un acto de rebelión. Y algo había que hacer con ella. Eso sí, sin aflojar la corbata para respirar. Desde que la izquierda excitada y variopinta nos gobierna, uno reconoce que ha entrado en régimen de autocensura. Me cuesta viajar a los agujeros negros de esta nueva gobernanza. Y eso me preocupa. Porque uno entiende que si, como dice Borges...

La mentira sienta cátedra

M añana comienza en la UNED un curso titulado  Cómo detectar mentiras: comunicación no verbal y perfiles psicológicos . Quizás me apunte. Me puede el morbo por saber quién será mi compañero de pupitre. Porque, digo yo; si alguien se apunta a un curso así, solo puede ser político, trilero, banquero, comisionista, alcalde venido a menos, presidente de comunidad autónoma o incluso, presidente de gobierno o expresidente con ganas de redención. Porque no me imagino allí a mi pescadera. A no ser que en vez de lubinas nos esté vendiendo barbos. Dice la propaganda del curso que se abordarán temas como la detección del engaño y las nuevas propuestas científicas para detectar mentiras. Vale. Me da que los ponentes piensan que en cada mentira hay una pirueta cínica que vuelve del revés todo lo que el engaño posee de reprobable. Por eso se empeñan en explicarnos cómo opera la falsedad. No sé quién inaugurará el curso. Propongo que venga Rajoy acompañado de alguna expresidenta flanq...

Es cosa de hombres

Vaya por delante que el título lo he robado en una calle. Ya sé que este tema a algunos hombres   les saca de quicio. Que la frivolidad absoluta con la que se trata, lo convierte en discusión tabernera pero no en cuestión de Estado. Y que, pese al escaso desarrollo jurídico que ha desplegado la violencia contra las mujeres, esa violencia, instalada en los agujeros negros   de una sociedad enferma, sigue llevándose por delante a setenta mujeres al año en el Estado. Pero nadie con responsabilidad de cambiar el rumbo de la historia va a hacer nada. Porque esa historia no va con ellos. Con los hombres que tienen en su mano la posibilidad de incidir en este sangrante delirio de una civilización más que cuestionable. Y sobre todo, porque ellos no mueren. Quienes pueden hacer algo para evitar tanta muerte no obtienen ningún beneficio. Ni personal ni social. Como mucho, ese algo,   les sirve de currículo progresista. Que las mujeres pasen a ser ciudadanas de primera es...

Trabajadoras del sexo

Raquel Marin (El País) Entre las amistades peligrosas que rodean a Aznar hay un tipo de calva bronceada por el resplandor que emite el poder. Si uno logra acercarse a él, detectará un intenso perfume que sólo trata de esconder los malos olores que despiden sus cuentas bancarias. Aparentemente, nadie sospecharía de él, a no ser que alguien, en este caso los jueces, te digan que sobre ese italiano casposo, dueño de media Italia, pesan siete causas   por fraude por valor de 13.500 millones de pesetas. Ahí es nada. Pues bien, ese tipo apodado Il Cavaliere , y para mas señas, primer ministro italiano,   anda estos días camelando a la Iglesia y a las putas de su país   para que éstas desaparezcan del escenario, siempre caótico de las calles italianas. Berlusconi se propone legalizar los burdeles. Y es que a este tipo de moral incierta y mirada de hiena malparida, le molestan las 70.000 prostitutas buscándose la vida por las calles de Italia. Berlusconi anunció duran...

Lo que el agua no se llevó

Monumento actual en la presa de Villarino, Salamanca 2015 Era un 24 de noviembre de 1970 y Franco se dedicaba a sestear tras la inauguración del respectivo pantano. Este, en la provincia de Salamanca sirvió para que la propaganda fascista dijera de España que "está cumpliendo sus deberes, España está resurgiendo" ¿les suena de algo? Franco dijo entonces al respecto: "Hoy venimos a inaugurar uno de los pantanos más importantes de Europa lo que demuestra la capacidad técnica d ellos españoles" (24/11/1970). Acto seguido corrió una cortinilla y apareció este monolito en piedra que aún hoy permanece en el mismo lugar. Y eso es lo que escuece. Que la ley de la Memoria Histórica sea incapaz de poner firmes al responsable de esta afrenta. Y es que clama al cielo que el nombre de un asesino en serie siga apareciendo en un espacio público. Pero peor aún, que su nombre siga embadurnando de escoria la memoria de los represaliados y asesinados por su régimen fascista.

Sanfermines: no te pases de la raya

Foto: Diario de Noticias de Navarra San Fermín, San Fermín. Como cada año, la ciudad se reinventa en la mismidad retórica de una fiesta sin igual. Como cada año, la ciudad que se arroja por la letrina del exceso. Ciudad de aguafuertes y amoniacos, de contradicciones y de arriesgadas apuestas. San Fermín,  el santo catártico. Sé que  cuestionar al santo o este modelo de fiesta,  es jugársela a una carta, solicitar pasaporte de expatriado. Por mal pamplonés. Creo que esta ciudad, embargada por la fiesta global,  -y por una política municipal absolutamente ignorante- ha vendido muy barata su imagen internacional a costa de encarecer su degradación. Porque aquí se trata de consumir, y presumir por ello,  unos  cinco millones de litros de alcohol – y extras no nombrables- en 204 horas para subsanar  todo un año de encabronamiento y sujeción. De eso hemos hecho un arte y podemos hacer hasta una exposició...

Unas fiestas sin igual

Que decir que no se haya dicho ya de estas fiestas sin igual, nada y todo. Desde el ínclito Iribarren al heterogéneo y novísimo Izu. Hablar de los Sanfermines, diseccionarlos, psicoanalizarlos, aventurarse en el siempre peligroso ejercicio de opinión sobre ellos, es siempre un trance indigesto. Digamos que éstos, a fuerza de no entenderlos, o de entenderlos demasiado, se han blindado contra toda apreciación, valoración, crítica o ITV sociológica. Se bastan y se sobran para ser lo que son, sin que nada ni nadie dicte sobre ellos sentencia, ni absolutoria ni condenatoria. Son, y ya está. Como parte de un tiempo y espacio metasociológico blindado por la santa tradición. Cómo si nada ni nadie pudiera contra la mordaza del dogma histórico que los envuelve. Deliberar sobre ellos pues, es siempre un riesgo al que responde el programa oficial: déjese de monsergas y vívalos. Cierto. Uno lleva años viviéndolos: emborrachándose hasta naufragar en una encefalopatía hepática, rompiéndose el goll...