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Malabaristas de la miseria

Frontera norte de Benzú, la que separa Ceuta de Marruecos. Foto: Reduan (Efe) Parecieran surfistas de alto riesgo, sin tablas de salvación, peleando con la peor ola de un mar lleno de muerte y miseria. El Guardia Civil parece estar pintando un cuadro sobre fondo azul, la mejor época de Picasso, pero sin mucha pasión. Su brazo, sin fuerza alguna, trata de frenar, no se sabe bien, o de sostener,  la fuerza del otro lado de la valla deseosa de pisar la tierra prometida. Su compañero, encaramado en la alambrada, parece un artista de circo a punto de lanzarse con la mejor pirueta  ensayada durante años. Y es que pareciera que nos está diciendo que hay más sabiduría en dejarse llevar por las olas que en debatirse contra ellas. 

La vida en negro

L es presento a Oumar Ndiaye. Marinero mauritano de aguas de altura. Llegó a España hace catorce años. Huyó de un país en el que parece que todo se acabó hace tiempo. Vino aquí en busca de la sal de la tierra. Su credo es el combate por la vida. Ha trabajado, ha sido explotado y soportado muchos lunes al sol. Ha sido visible e invisible. Solo aspira a ser un ciudadano, negro, pero ciudadano. Habla un castellano intenso capaz de enloquecer a los charlatanes. Su cabeza es un cóctel de poesía y su relato vital es una parábola que te pone contra las cuerdas. Solo puedes rendirte a la evidencia. Habla y estallan las nubes. Y sientes vergüenza ajena. Porque te habla un alma ulcerada por la desdicha. Oumar ha cumplido la tarea. Ha hecho lo que se espera de él. Cumplir con la ley para ser alguien en este país de racismos  low cost , hablar como los ángeles, respetar los mandamientos y ganarse la vida con un trabajo, de mierda pero trabajo. Pero su vida es un bucle envenenad...

La hora cero

La hora cero . Si pueden vean esto. Si les va lo negro de altura, no cualquier negro. Género, ficción, novela,  a eso voy. Tomen nota: un grupo de sicarios mandados por La Parca, un elemento de cuidado que se hace tatuar el nombre de sus víctimas, toma al asalto un hospital público para que atiendan a una mujer embarazada a la que han herido de bala. Todo va a una velocidad que te deja sin resuello. Uno parece que está asistiendo a un documental, pero no. Ellos, los actores son así. Pura vida, o mala vida en la época de Chaves, pues la película está rodada en Caracas. Diego Velasco, su director nos muestra la dureza de una sociedad capitaneada por licenciados de la exclusión social que deambulan entre la violencia, el miedo, la desesperación y el descenso a los infiernos. 

Soberbia

El otro día tuve la suerte de ver y escuchar a Lluís Llach. Como siempre, cada concierto suyo explota como una carga de profundidad generando una corriente de sonidos rebeldes contra este perro mundo. Pero, lejos de conmover desde la melancolía o la amargura, la belleza de sus letras y la ternura de su voz, apaciguan los ánimos para inyectarnos dosis de utopías renovadas. Al finalizar el recital tuvimos más suerte aún porque pudimos debatir con él esas pequeñas cosas de la vida que tanto gustan.  Entre todas las cuestiones que mencionó, hubo una que me llamó la atención. Todo el mundo sabe de la militancia izquierdista y nacionalista de Llach. Pues bien, al parecer el PP ve peligrar su hegemonía y hará todo cuanto esté en su mano para corregir el rumbo de su irremediable pérdida de credibilidad política. El creía que, tanto en Euskalerria, como Cataluña, Aznar se empleará a fondo en un combate a muerte por el poder. Eso me hizo pensar que quizá, alentado por su jefe polít...

La mano armada

Foto: Claudio Álvarez Espero que Juanjo Millás no me robe esta foto para ser comentada en su sarcástica sección de El País Semanal. Si es así, no pasa nada. Habremos convenido, sin conocernos, que ese dedo acusador, a modo de colt "King Cobra"  es como  un disparo a traición en plena nuca del prócer en decadencia del PP. Ese escorzo en el que la mano armada de Aznar domina la escena ahonda en la soledad de un Rajoy harto de soportar sus propias mentiras. Rajoy huye del escenario sin haber estado en él. Como es habitual. Rajoy mira para otro lado, hacia abajo, hacia la deriva de sus actos. Aznar le persigue, con esa expresión de mono de feria desatado tras años de cautiverio. Aznar pareciera decirle, ¿qué haces tu para evitar esta decadencia, para no poner orden en este país en bancarrota? A lo que acto seguido le espeta: "Cada uno responde de sus actos. Yo de los míos" (Aznar en la convención nacional del PP ).  Miedo. Eso es lo que da esta fotografía. Mucho ...

La timba foral

C aminaba por la nueva avenida Carlos Inditex y entré en el edificio de la antigua Can. Observé que su decoración  art déco  simulaba un gran cuarto de estar, así que me senté en una butaca de estilo para ver cómo la gente operaba con su dinero, un gesto lleno de misterio. Percibí que nadie manejaba ya billetes. Aquello no parecía un banco, sino un consultorio sentimental. Enseguida caí en un profundo sueño. Entraba por una puerta giratoria situada en los bajos del edificio que desembocaba en una sala muy iluminada donde se proyectaba la película  Los intocables de Elliot Ness . Allí estaban sentados algunos directores de la antigua Caja junto a miembros del consejo de administración. También estaban algunos políticos y cuatro tiburones financieros de sociedades con intereses por tierra, mar y aire en Navarra. Hablaban en un lenguaje de signos que yo interpreté como un baile de cifras que iban y venían de una cuenta a otra. Encima de la mesa, que más bien parecía...

Escrito en negro

Dice en la contraportada del libro "Escrito en negro" que Martín Olmos, al que desconocía, "nació en Bilbao en 1966 y lleva cinco años contando crímenes en el periódico El Correo " Me pongo manos a la obra, porque en otra parte del libro dice" Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente" (Thomas de Quincey).  Como no quiero dejarlo para el día siguiente, porque ya me he permitido un asesinato, he robado sin importarme cuánto, llevo tiempo dándome a la bebida  y mucho más inobservado el día del Señor; entro a saco con "los asesinos diletantes", el primer capítulo del libro. No lo puedo dejar porque ya tengo las manos manchadas de sangre. Y es que estoy seguro que quien se aventure por este despropósito de crímenes de altura y bajura, hallará el descanso...