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La mano armada

Foto: Claudio Álvarez Espero que Juanjo Millás no me robe esta foto para ser comentada en su sarcástica sección de El País Semanal. Si es así, no pasa nada. Habremos convenido, sin conocernos, que ese dedo acusador, a modo de colt "King Cobra"  es como  un disparo a traición en plena nuca del prócer en decadencia del PP. Ese escorzo en el que la mano armada de Aznar domina la escena ahonda en la soledad de un Rajoy harto de soportar sus propias mentiras. Rajoy huye del escenario sin haber estado en él. Como es habitual. Rajoy mira para otro lado, hacia abajo, hacia la deriva de sus actos. Aznar le persigue, con esa expresión de mono de feria desatado tras años de cautiverio. Aznar pareciera decirle, ¿qué haces tu para evitar esta decadencia, para no poner orden en este país en bancarrota? A lo que acto seguido le espeta: "Cada uno responde de sus actos. Yo de los míos" (Aznar en la convención nacional del PP ).  Miedo. Eso es lo que da esta fotografía. Mucho ...

La timba foral

C aminaba por la nueva avenida Carlos Inditex y entré en el edificio de la antigua Can. Observé que su decoración  art déco  simulaba un gran cuarto de estar, así que me senté en una butaca de estilo para ver cómo la gente operaba con su dinero, un gesto lleno de misterio. Percibí que nadie manejaba ya billetes. Aquello no parecía un banco, sino un consultorio sentimental. Enseguida caí en un profundo sueño. Entraba por una puerta giratoria situada en los bajos del edificio que desembocaba en una sala muy iluminada donde se proyectaba la película  Los intocables de Elliot Ness . Allí estaban sentados algunos directores de la antigua Caja junto a miembros del consejo de administración. También estaban algunos políticos y cuatro tiburones financieros de sociedades con intereses por tierra, mar y aire en Navarra. Hablaban en un lenguaje de signos que yo interpreté como un baile de cifras que iban y venían de una cuenta a otra. Encima de la mesa, que más bien parecía...

Escrito en negro

Dice en la contraportada del libro "Escrito en negro" que Martín Olmos, al que desconocía, "nació en Bilbao en 1966 y lleva cinco años contando crímenes en el periódico El Correo " Me pongo manos a la obra, porque en otra parte del libro dice" Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente" (Thomas de Quincey).  Como no quiero dejarlo para el día siguiente, porque ya me he permitido un asesinato, he robado sin importarme cuánto, llevo tiempo dándome a la bebida  y mucho más inobservado el día del Señor; entro a saco con "los asesinos diletantes", el primer capítulo del libro. No lo puedo dejar porque ya tengo las manos manchadas de sangre. Y es que estoy seguro que quien se aventure por este despropósito de crímenes de altura y bajura, hallará el descanso...

Pamplona negra

L a policía judicial entró en el salón de plenos del Parlamento de Navarra. Eran las cuatro de la madrugada. Junto a la tribuna de oradores, en medio de un gran charco de sangre, yacía el consejero. Según las primeras estimaciones del forense, el asesino había actuado con un arma blanca dos horas antes. Este dato desató las primeras especulaciones. ¿Qué hacía el consejero a las dos de la madrugada en el edificio sin que la policía foral detectara su presencia? Las sospechas empezaron a expandirse como un veneno inoculado. Se descartó el asesinato político si bien la legislatura había sido tenebrosa. Todo parecía indicar un ajuste de cuentas, pero, ¿por qué en ese escenario y a esa hora? Dos meses antes, una periodista de  Diario de Noticias , medio local, había detectado movimientos extraños en las cuentas corrientes del consejero. Procedían de la multinacional Ericsson con base en la República Democrática del Congo, principal productor de coltán, mineral utilizado en lo...

Poder

En aquel viejo   reino había sacerdotes que, mientras   con una mano daban la absolución con suma elegancia, con la otra   eran   capaces de envenenar a sus confesados. Y había teólogos laicos que comían caliente gracias al pecado que trataban de censurar. Había jueces y magistrados de toga   negra entre cuyos pliegues   escondían una navaja toledana y una vara de medir de doble rasero. Había también comerciantes y especuladores que habían hecho fortuna en despachos   presididos por la imagen del Corazón de Jesús. Había políticos analfabetos que lucían una hilera de dientes plateados dispuestos a dar una dentellada en el cuello de sus enemigos. Y había también constructores   enriquecidos revendiendo solares y arreando golpes bajos   a la Bolsa. Había periodistas y profetas que se excitaban anunciando nuevas desgracias y policías que hacían redadas en los bajos de las bibliotecas y museos de la ciudad. Había talibanes disfrazados de hare...

El cura y los mandarines

Dijo Abraham Lincoln (1809-1865) que " medir las palabras no es necesariamente endulzar su expresión, sino haber previsto y aceptado las consecuencias de ellas". Pareciera que Gregorio Morán ha pasado de largo por encima de esta cita, la cual ignoro si la conoce. Lo digo porque este hombre, periodista para más señas,  y autor de textos imprescindibles para entender la evolución política social y cultural del Reino de España en su vertiente más contemporánea, ha publicado un libro que ha causado un gran  revuelo editorial minimizado por la  industrial libresca.  El cura y los mandarines  ha sido publicado por Akal ante la negativa a ser editado por el potente e influyente grupo Critica/Planeta. Negativa sellada de bastardía pues el grupo se había comprometido a la edición y estaba a un clik de poner en marcha las máquinas de imprenta.  La razón  de peso para el peso pesado de Planeta,  son catorce páginas del capítulo "Todos académicos" que ...

La risa mata

Quizás, para Rajoy no hay mayor peligro que la debilitación acelerada del recuerdo de ETA. Y es que para el PP,   ETA no ha muerto. Por eso le urge resucitarla de entre los peores fantasmas de la historia. Porque fue y es el pecado del que comen aún caliente muchos de sus políticos en nómina y plantilla. A Rajoy, ese gallego oportunista que no distingue el día de la noche,   ni tampoco la verdad de la mentira porque tras los cristales negros de su coche oficial no se ve la realidad;    le ha venido de perlas el atentado de París. Su doble fondo moral funciona así: que su mano derecha, la habitual, no sepa que hace la izquierda. Que nadie sepa   que cuando pide perdón por “esas cosas” en realidad se está riendo por dentro. Rajoy todavía se acuerda de los atentados del 11M en Atocha.   Por aquel entonces era Secretario General del PP   y junto al ministro del Interior, Ángel Acebes, apostaron por la explotación sistemática de una mentira mu...