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La memoria traicionera

Tal vez. Solo tal vez, se pueda entender por qué quedan restos, maneras, tics, valores, miradas, formas, secuelas o intereses, particulares o públicos,  en el sustrato social y político  de  esta Comunidad, llamada en 1937 de los conquistadores del Norte.

Portugal, del fado al enfado

Portugal, el país del fado y del enfado, de la emigración y la migración explosiva, de la expoliación, de la explotación incesante, de la mentira, la infamia, el desarraigo, la corrupción y la venta de sus habitantes al por mayor. Me encuentro, por casualidad,  con una joya de esas que no sabes cómo surgen de la nada. O cómo llegan a tus manos y por qué.   La memoria y el fuego , Portugal, la cara oculta de Eurolandia, de Jorge Valadas (Ed. Pepitas de calabaza)  La crítica social radical no es abundante en Portugal. Pero este texto encontrado de soslayo es una excepción. Jorge Valadas, nacido en 1945 en Lisboa y electricista de profesión,  se exilió a París y allí vivió el mayo del 68 junto a las corrientes antiautoritarias. Nunca ha querido hacer de la escritura su sustento. Dice que para no perder radicalidad e independencia. Me apunto.  Ha publicado diversos ensayos sobre China, EE.UU y Portrugal. Firma con el seudónimo de Charles Reeve, en homenaj...

El Grito que no se oye

Sí, pareciera que este es un país,  como  hoy mismo dice en El otro País,  Santiago Sierra "con las cunetas llenas de olvidados y las calles llenas de intocables". Me ha gustado esa frase que resume el estado del Estado. Un Estado en bancarrota moral. Nada más que decir, salvo que el nivel de intensidad mediática de denuncia está subiendo. Leo cosas, en medios tan poco rebeldes, como El País, que te dejan vibrando, cosas y frases, y palabras y críticas inauditas, no por irreales, sino  precisamente por  todo lo contrario, por la brutalidad que contiene su realidad. Como la entrevista a Santiago Sierra. Quizá hace tres años impublicable. Pero el nivel de suciedad y lodo político es tan elevado que resulta imposible ocultarlo. Así que lo mejor es hacer negocio. Quien sabe. Si normalizamos la banalización de la corrupción a base de nombrarla pero no combatirla, ésta será asumida como parte de la vida cotidiana, un elemento de consumo más que nos en...

La mecha y el poema

                                   Cada día que pasa uno siente que no puede ser peor, que más allá de estos límites imprecisos entre el miedo y el desasosiego, solo queda la revuelta que no llega, porque la sedición interna está ya saciada de descontentos. Pero uno mira más allá de sus límites más inmediatos y se avergüenza del tedio reinante revestido de compasión y hasta de la nueva piedad solidaria. La vida, las vidas empeoran sin pedir permiso, las biografías cortocircuitadas enferman   y   se desplazan plomizas   cabizbajo por la calle. Los relatos entristecen   y se someten   a la más brutal resignación, se doblegan al inmerecimiento de unos guardianes del Estado en estado de corrupción permanente. Cada día la vida se retuerce más y más. Por sus aristas más finas, por sus demarcacion...

Los miserables

Los miserables . Vi la película. No hice caso a ninguna crítica. No me dejé llevar por los comentarios, ni a favor ni en contra.  Me guió el guión de la novela leída hace años. Y no me defraudó. Al margen de su fidelidad o adaptación al texto original. No era lo importante. Sentí escalofríos, rabia, pasión, alegría, emoción. Un todo en uno que me anegó, en ocasiones los ojos. Sentí cuánto habíamos perdido y me revolví en la butaca. De pena y de rabia. Sentí que ya eramos de otro tiempo y que aquello que estaba contemplando estaba definitivamente enterrado. No obstante, la gente permanecía en un silencio sepulcral, como atada de pies y manos ante  una pasión imposible de detener y que pasaba de largo. Por allí crujían los sueños rotos, la justicia bastarda, la sublevación deseable, el honor, la fuerza, el amor imposible, la pulsión, la voluntad, el empeño, la fidelidad, el sacrificio, la solidaridad a borbotones, la fraternidad olvidada, la redención y la supervi...

Contorsionistas de la realidad

Leo en La Vanguardia de hoy domingo, 13 de enero, lo siguiente: "Una clave, con las necesidades básicas cubiertas, es aprender a vivir con menos" (Helena de Marianas) , "Ahora hay que lidiar, como nunca, con lo negativo para huir del derrotismo" (Andrés Cuartero),  "Es el momento de echar imaginación, coraje y optimismo a la vida cotidiana" (Victoria del Barrio), para finalizar, "Las riendas de tu vida las llevas tú, no dejes que las dominen Rato o Botín" (Carmelo Vázquez) Todas estas perlas corresponden a un reportaje en este diario que lleva por título "Sonría por favor, recetas para el optimismo". No dudo, o si, de la buena fe de los expertos que así se expresan. Lo que ocurre es que sus mensajes tienen un doble fondo moral. Y también intencionado y político aunque ellos, posiblemente, o sí, no lo vendan como tal.  Barbara Ehrenreich, una periodista, ensayista y activista norteamericana publicó en 2009 un libro que lleva...

Mendicidad

Hubo años en que la visión y contemplación  de un pordiosero, de un mendigo, de una persona pidiendo limosna en la calle, causaba una extraña sensación, mezcla de piedad  y solidaridad callejera. Además de una inquietud interna no exenta de culpabilidad. La política social al uso  prohíbe, con carácter general, su ejercicio de manera intimidatoria, molesta o coactiva. Así se expresa la ordenanza municipal de Pamplona, donde uno vive. Imagino que en otras ciudades ocurre lo mismo. Que es como decir, mirar para otro lado si no molesta, si no salpica a los escaparates del consumo y si no inquieta demasiado nuestra sosegada piedad mal encarada. Ya ven, la pobreza molesta a la vista pero no está mal vista su producción.   Y es que la crisis ha agudizado muchos procesos de precarización personal y familiar. Más aún, ha generado verdaderos boquetes en las familias que se ven abocadas a un auxilio público   y por derecho, cada vez más e...