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Los españoles primero

Claro que sí. Vayan cogiendo cita para trabajar en las fincas y almacenes de fruta de Huelva o Lleida, en los campos de manzanas del Empordà, de melones, lechugas y brócoli de Cartagena o de pimientos, tomate y espárrago de la Ribera de Navarra. Venga, los primeros en los mataderos de Binéfar o de Murcia, en las explotaciones ganaderas de Galicia y Andalucía, en la recogida de aceituna de Jaén y al volante de autobuses, repartos de comida rápida y paquetería, detrás de las barras de los bares, sirviendo copas, paellas y bocadillos de calamares, también en los andamios de las obras, en las grúas y las escombreras o limpiando escaleras, váteres, oficinas y locales comerciales. Y también las españolas. Como empleadas domésticas, limpiadoras, camareras de hotel y cuidadoras de enfermos y personas mayores. Venga. Pues va a ser que no. Que ahí ni se les ve ni se les espera. Así que esto de la prioridad nacional, seamos claros, va de apartheid administrativo, de racismo de manual. Aunque los terraplanistas mentales del VOX y PP lo blanqueen con el arraigo, el nativismo o la residencia legal. No. Porque lo que quieren es excluir a los otros, al diferente. De priorizar quién debe vivir bien y quién no. Porque no se trata de gestionar los recursos o su escasez, sino de organizar la exclusión. De legalizarla mediante una jerarquía moral que refuerce la soberanía del bienestar al servicio exclusivo de “los nacionales”. Y resulta vergonzoso que esto se siembre en la Extremadura “voxificada”, donde solo un 5% de su población es extranjera. Sin embargo, en las últimas décadas han emigrado 522.000 extremeños, el 36,7% de su población. Así que no me aclaro con esto de la prioridad nacional. Quizá tenga que ver con algo que he leído y no sé dónde. La prioridad nacional consiste en convencer al penúltimo de que el último le está robando el pan, mientras el primero se lleva la panadería entera.

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