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El barrendero



A eso de las 7,30, cuando la luz aún no se ha colado por la rendija de la realidad, observo el proceder de un hombre vestido de faena. Lleva pantalón y chaqueta reflectantes. En ella leo el logotipo de una empresa buitre. Está claro que es un obrero. Y le supongo precarizado. El hombre está encorvado y lleva un carrito parecido al del supermercado. En una mano lleva un escobón y en la otra un recogedor. Su andar es parsimonioso. Pareciera afectado por alguna cojera y eso me provoca la primera emoción del día. Escucha en una pequeña radio las primeras demencias del día. Lo miro a escondidas para ver cómo ejecuta su trabajo. Observo que en el bolsillo trasero de su pantalón lleva el libro de Thomas Piketty: Capital e ideología. Quizás lo haya encontrado entre las basuras del día, pues recoge hojas caídas, cartones, litronas, vasos de plástico y una paloma muerta. Lo hace despacio, a conciencia, como un artesano reñido con la fugacidad. Una y otra vez se agacha y deposita las basuras en ese carrito que se va llenando. Luego, buscando esa perfección de los poetas, recoge los restos más pequeños y se marcha a otra calle canturreando una vieja canción de amor. Le sigo. Mientras continúa su trabajo, advierto que se le cae seguir leyendo   

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